Palabras diarias de Dios | Fragmento 365 | «Las palabras de Dios al universo entero: Capítulo 10»
En la tierra, toda clase de espíritus malvados está constantemente al acecho de un lugar para descansar, buscando incesantemente cadáveres de personas para comerlos. ¡Mi pueblo! Debes permanecer bajo Mi cuidado y protección. ¡Nunca te comportes de forma disoluta! ¡Nunca te comportes imprudentemente! En su lugar, ofrece tu lealtad en Mi casa, y sólo con ella puedes montar un contraataque contra el ingenio del diablo. Bajo ninguna circunstancia debes comportarte como en el pasado, haciendo una cosa delante de Mí y otra a Mis espaldas; así ya estás más allá de la redención. Sin duda he pronunciado palabras más que suficientes como estas, ¿no es así? Es precisamente porque la vieja naturaleza del hombre es incorregible que Yo se lo he recordado repetidamente. ¡No os aburráis! ¡Todo lo que digo es para garantizar vuestro destino! Lo que Satanás necesita es exactamente un lugar sucio e inmundo; cuanto más desesperanzados, irremediables mientras más irredimibles y más degenerados seáis, negándoos a someteros a la contención, más aprovecharán los espíritus inmundos cualquier oportunidad de infiltrarse. Una vez hayáis llegado a este paso, vuestra lealtad no será sino un parloteo ocioso, sin ninguna realidad, y los espíritus inmundos se comerán vuestra resolución, para convertirla en desobediencia o en la estratagema de Satanás, y usarla para interrumpir Mi obra. Por esa razón os golpearé hasta la muerte cuándo y dónde quiera. Nadie conoce la gravedad de esta situación; todos consideran lo que oyen como palabrería y no son en lo más mínimo cautos. No recuerdo lo que se hizo en el pasado. ¿Sigues esperando que Yo sea indulgente olvidando una vez más? Aunque la humanidad se ha opuesto a Mí, no lo usaré contra ella, porque la estatura del hombre es demasiado baja y, por tanto, no le impongo grandes exigencias. Lo único que requiero es que no sea disoluto, y que se someta a la contención. ¿Seguro que no escapa a vuestra capacidad cumplir esta estipulación? La mayoría de las personas están esperando que Yo revele incluso más misterios para que sus ojos se deleiten en ellos. Pero, si llegaras a entender todos los misterios del cielo, ¿qué harías con ese conocimiento? ¿Incrementaría tu amor por Mí? ¿Inflamaría tu amor por Mí? Yo no subestimo al hombre ni llego a emitir un veredicto sobre él a la ligera. Si estas no fueran las circunstancias reales del hombre, Yo nunca coronaría arbitrariamente a la gente con estas etiquetas. Pensad en el pasado: ¿alguna vez os he difamado? ¿Alguna vez os he subestimado? ¿Alguna vez cuando os he observado sin consideración por vuestras circunstancias reales? ¿Alguna vez algo de lo que he dicho no ha podido llenar vuestros corazones y vuestras bocas de convicción? ¿Alguna vez he hablado sin hacer resonar en vosotros una nota profunda? ¿Quién de entre vosotros ha leído Mis palabras sin temor y temblor, profundamente temeroso de que lo echara al abismo sin fondo? ¿Quién no soporta la prueba en Mis palabras? En ellas reside la autoridad, pero esto no se produce para emitir un juicio informal pasajero sobre el hombre, sino que, consciente de sus circunstancias reales, le manifiesto constantemente el significado inherente de Mis palabras. En realidad ¿hay alguien que sea capaz de reconocer Mi poder omnipotente en Mis palabras? ¿Hay alguien que pueda recibir en sí mismo el oro más puro del que están hechas Mis palabras? Cuántas palabras he hablado, ¿pero las ha valorado alguien?
La transformación del carácter propio no es un cambio en la conducta, ni un cambio externo fingido, ni una entusiasta transformación temporal, sino una transformación verdadera del carácter que provoca un cambio en la conducta. Tal cambio de conducta es diferente de los cambios manifestados en la conducta y las acciones externas de una persona. Una transformación de carácter indica que has entendido y experimentado la verdad, y que esa verdad se ha convertido en tu vida. En el pasado, entendías la verdad relativa a este asunto, pero eras incapaz de ponerla en práctica; la verdad solo era para ti una doctrina que no permanece. Ahora, tu carácter se ha transformado, y no solo entiendes la verdad, sino que también practicas en conformidad con ella. Ahora eres capaz de librarte de las cosas a las que tenías cariño en el pasado, las cosas que estabas dispuesto a hacer, tus imaginaciones y tus nociones personales. Ahora eres capaz de abandonar las cosas a las que no eras capaz de renunciar en el pasado. Esto es una transformación del carácter y es el proceso de transformarlo. Puede sonar bastante simple, pero, en realidad, alguien que está en medio de este proceso debe sufrir muchas dificultades, vencer a su cuerpo y abandonar los aspectos de la carne que son parte de su naturaleza. Una persona así debe pasar por el trato y la poda, por el castigo y el juicio y las pruebas y el refinamiento. Solo después de experimentar todo esto puede una persona entender algo de su propia naturaleza. Aunque poseer algún entendimiento no significa ser capaz de cambiar inmediatamente, hay que soportar dificultades en el proceso. De igual manera, ¿puedes simplemente empezar a practicar la verdad inmediatamente después de obtener cierto entendimiento acerca de un asunto? No puedes empezar a practicarlo de inmediato. Mientras posees entendimiento, otros te podan y tratan contigo, y luego tu entorno te obliga y te fuerza a actuar de acuerdo con los principios-verdad. Algunas veces, las personas no están dispuestas a pasar por esto y dicen: “¿Por qué no puedo hacerlo de esa manera? ¿Tengo que hacerlo de esta otra manera?”. Otros dicen: “Si crees en Dios, entonces deberías hacerlo de esta manera. Hacerlo de esta manera es acorde con la verdad”. Cuando las personas lleguen a un determinado punto en el que hayan pasado por algunas pruebas y hayan terminado comprendiendo la voluntad de Dios y algunas verdades, en ese momento estarán en cierto modo feliz y dispuestas a actuar de acuerdo con los principios-verdad. Al inicio, las personas son reacias a practicar la verdad. Tomemos como ejemplo el cumplimiento de los deberes propios con lealtad: tienes cierto entendimiento acerca de cumplir tus deberes y ser leal a Dios, y también entiendes las verdades relacionadas, pero ¿cuándo podrás dedicarte por completo a Dios? ¿Cuándo podrás cumplir tus deberes tanto de palabra como de obra? Esto requerirá un proceso. Durante este proceso podrías padecer muchas dificultades. Tal vez algunas personas te traten y otras te critiquen. Todo el mundo tendrá sus ojos puestos en ti y será entonces cuando empieces a comprender que te equivocas, que, a decir verdad, eres tú quien lo ha hecho mal, que es inaceptable la ausencia de devoción en el cumplimiento de tu deber y que no has de ser descuidado ni superficial. El Espíritu Santo te esclarecerá desde dentro y te reprochará cuando cometas un error. Durante este proceso, comprenderás algunas cosas sobre ti mismo y sabrás que eres demasiado impuro, que albergas demasiados motivos personales y que tienes demasiados deseos inmoderados cuando cumples tus deberes. Una vez que hayas entendido la esencia de estas cosas, puedes ir delante de Dios en oración y arrepentirte verdaderamente; de esta manera podrán ser purificadas esas impurezas. Si frecuentemente buscas la verdad de esta manera para resolver tus propios problemas prácticos, poco a poco pondrás los pies en la senda correcta en tu fe. Cuanto más sea purificado el carácter corrupto de alguien, más se transformará su carácter de vida.
En esencia, ¿cuánto estáis cumpliendo con vuestro deber de manera sincera? ¿Cuánto cumplís con vuestro deber de acuerdo con la verdad después de que se haya transformado vuestro carácter? Al reflexionar sobre esto, puedes saber cuánto se ha transformado de verdad tu carácter. No es sencillo lograr la transformación del propio carácter; no supone simplemente algunos cambios de conducta, adquirir algo de conocimiento de la verdad, saber hablar algo sobre la experiencia propia con cada aspecto de la verdad ni cambiar algo o volverse un poco obedientes después de haber sido disciplinados. Estas cosas no constituyen una transformación del carácter de vida. ¿Por qué digo esto? Aunque puedas dejar de lado algunas cosas, lo que practicas no ha alcanzado todavía la categoría de auténtica práctica de la verdad. O tal vez te comportas así porque estás en un entorno adecuado durante un tiempo y en una situación favorable, o porque tus circunstancias actuales te han apremiado. Además, cuando tu estado de ánimo es estable y el Espíritu Santo está obrando, eres capaz de practicar. Si estuvieras pasando por pruebas y sufrieras en ellas como Job o como Pedro, a quien Dios pidió que muriera, ¿podrías decir: “Aunque muriera después de conocerte, estaría bien”? La transformación del carácter no tiene lugar de la noche a la mañana, y una vez que entiendes la verdad no sabes ponerla en práctica necesariamente en cada entorno. Esto atañe a la naturaleza del hombre. A veces puede parecer que pones en práctica la verdad, pero, en realidad, la naturaleza de tus actos no lo demuestra. Mucha gente tiene determinadas conductas externas; por ejemplo, es capaz de abandonar familia y profesión y cumplir con el deber y, por tanto, cree estar practicando la verdad. Sin embargo, Dios no reconoce que esté practicándola. Si todo lo que haces tiene una motivación personal y está adulterado, no estás practicando la verdad; simplemente exhibes una conducta superficial. En sentido estricto, es probable que Dios condene tu conducta; no la elogiará ni recordará. Si se analiza esto con mayor profundidad, estás haciendo el mal y tu conducta se opone a Dios. Visto desde fuera, no estás interrumpiendo ni perturbando nada y no has hecho ningún daño real ni has violado ninguna verdad. Parece ser lógico y razonable, pero la esencia de tus acciones corresponde a hacer el mal y resistirse a Dios. Por lo tanto, deberías determinar si ha habido un cambio en tu carácter y si estás poniendo en práctica la verdad al ver los motivos que están detrás de tus acciones a la luz de las palabras de Dios. No depende de una perspectiva humana sobre si tus actos se adecúan a la imaginación y las intenciones humanas o se adaptan a tus gustos; esas cosas no son importantes. Más bien depende de que Dios diga si te estás ajustando o no a Su voluntad, si tus acciones poseen o no la realidad-verdad y si cumplen o no con Sus requisitos y estándares. Medirse con los requisitos de Dios es lo único exacto. La transformación del carácter y la práctica de la verdad no son tan fáciles y sencillas como las personas imaginan. ¿Entendéis esto ahora? ¿Tenéis alguna experiencia con esto? Cuando se trata de la esencia de un problema, puede que no la entendáis; vuestra entrada ha sido excesivamente superficial. Corréis de acá para allá todo el día del amanecer al ocaso, os levantáis temprano y os acostáis tarde, pero ni habéis logrado la transformación de vuestro carácter de vida ni podéis captar lo que implica dicha transformación. Esto significa que vuestra entrada es demasiado superficial, ¿no es cierto? Independientemente de cuánto tiempo llevéis creyendo en Dios, puede que no percibáis la esencia y las cosas profundas que tengan que ver con conseguir la transformación del carácter. ¿Cómo sabes si Dios te alaba o no? Como mínimo, te sentirás excepcionalmente firme en tu corazón con respecto a todo lo que haces, sentirás que el Espíritu Santo te guía, te esclarece, y obra en ti cuando cumples con tus deberes, cuando llevas a cabo cualquier obra en la casa de Dios, o en momentos normales; tu conducta va de la mano de las palabras de Dios, y cuando poseas cierto grado de experiencia, sentirás que lo que hiciste en el pasado era relativamente adecuado. Si después de ganar experiencia durante un período de tiempo sientes que algunas de las cosas que hiciste en el pasado no fueron adecuadas, si estás insatisfecho con ellas, y si en realidad no hubo verdad en las cosas que realizaste, esto demuestra que lo único que hiciste fue resistirte a Dios. Demuestra que tu servicio estuvo lleno de rebeldía, de resistencia y de conductas humanas.
Palabras diarias de Dios | Fragmento 95 | «La verdad interna de la obra de conquista (1)»
Los últimos días son cuando todas las cosas se clasificarán todas las cosas de acuerdo con su tipo por medio de la conquista. La conquista es la obra de los últimos días; en otras palabras, juzgar los pecados de cada persona es la obra de los últimos días. De lo contrario, ¿cómo podrían clasificarse las personas? La obra de clasificación que se hace entre vosotros es el comienzo de dicha obra en todo el universo. Después de esto, aquellos de todas las tierras y pueblos también estarán sujetos a la obra de conquista. Esto significa que cada persona de la creación será clasificada según su tipo y comparecerá ante el trono de juicio para ser juzgada. Ninguna persona y ninguna cosa puede escapar al sufrimiento de este castigo y juicio; ninguna persona y ninguna cosa puede eludir ser clasificada según su tipo; cada persona será clasificada, pues el final de todas las cosas está cerca, y todo lo que está en los cielos y sobre la tierra ha llegado a su conclusión. ¿Cómo podría el hombre escapar a los días finales de la existencia humana? Así, ¿durante cuánto tiempo más pueden continuar vuestros actos de desobediencia? ¿No veis que vuestros últimos días son inminentes? ¿Cómo puede ser que los que veneran a Dios y anhelan que aparezca no vean el día de la aparición de la justicia de Dios? ¿Cómo es posible que no reciban la recompensa final por la bondad? ¿Eres alguien que hace el bien o alguien que hace el mal? ¿Eres alguien que acepta el juicio justo y después obedece, o alguien que acepta el juicio justo y después es maldecido? ¿Vives ante el tribunal del juicio en la luz o vives en el Hades entre tinieblas? ¿No eres tú mismo quien sabe con gran claridad si tu final será de recompensa o de castigo? ¿No eres tú quien sabe con mayor claridad y entiende con mayor profundidad que Dios es justo? Así pues, ¿cómo es tu conducta y tu corazón? Mientras yo te conquisto hoy, ¿necesitas realmente que te explique si tu comportamiento es bueno o malo? ¿Cuánto has abandonado por Mí? ¿Cuán profundamente me adoras? ¿Acaso no sabes muy claramente cómo eres conmigo? ¡Deberías saber mejor que nadie cómo acabarás finalmente! En verdad te digo: Yo únicamente creé a la humanidad, y te creé a ti, pero no os entregué a Satanás; tampoco hice a propósito que os rebelarais contra Mí u os resistierais a Mí y que, por tanto, fuerais castigados por Mí. ¿Acaso todas estas calamidades y aflicciones no han venido porque vuestro corazón es demasiado duro y vuestra conducta es verdaderamente despreciable? ¿Acaso el final que enfrentaréis no está determinado por vosotros mismos? ¿Acaso vosotros no sabéis mejor que nadie, en vuestro corazón, cómo acabaréis? La razón por la que conquisto a las personas es para exponerlas, y para traerte la salvación de mejor manera. No es para hacer que hagas el mal ni para hacer deliberadamente que entres en el infierno de la destrucción. Cuando llegue el momento, todo tu gran sufrimiento, tu llanto y tu crujir de dientes, ¿no se deberá a tus pecados? Así pues, ¿no es tu propia bondad o tu propia maldad el mejor juicio hacia ti? ¿No es la mejor prueba de cuál será tu final?
Devocional de hoy – La Palabra de Dios | Cómo conocer el carácter de Dios y el resultado de Su obra (Parte 4)
Entiende la actitud de Dios y abandona todas las ideas equivocadas sobre Él
¿Habéis pensado alguna vez en qué clase de Dios es este Dios en quien creéis ahora? Cuando Él ve que alguien malo hace cosas malas, ¿lo desprecia? (Lo desprecia). Cuando observa los errores de las personas ignorantes, ¿cuál es Su actitud? (Tristeza). Cuando ve personas robando Sus ofrendas, ¿cómo reacciona? (Las desprecia). Todo esto queda muy claro, ¿verdad? Cuando ve a alguien descuidar su creencia en Él, y no buscar en absoluto la verdad, ¿cuál es la actitud de Dios? Esto ya no lo tenéis tan claro, ¿no es así? La despreocupación es una actitud, no es un pecado, y no ofende a Dios. Las personas creen que no debería considerarse una metedura de pata. ¿Cuál es, en tu opinión, la actitud de Dios? (No está dispuesto a responder a ello). No está dispuesto a responder; ¿qué clase de actitud es esta? ¡Significa que Dios desprecia a estas personas, las desdeña! Trata con ellas dándoles la espalda. Su enfoque es dejarlas de lado, no involucrarse en ninguna obra relacionada con ellas, incluidos el esclarecimiento, la iluminación, el castigo o la disciplina. Sencillamente, este tipo de persona no cuenta en Su obra. ¿Cuál es la actitud de Dios hacia las personas que ofenden Su carácter y Sus decretos administrativos? ¡Desprecio extremo! ¡Las personas que no se arrepienten de afrentar el carácter de Dios lo enfurecen en extremo! Estar “enfurecido” es simplemente un sentimiento, un estado de ánimo; no puede representar una actitud clara. Pero este sentimiento, este estado de ánimo, dará lugar a un desenlace para esta persona: ¡llenará a Dios de absoluta aversión! ¿Cuál es la consecuencia de esta aversión total? Dios dejará de lado a esta persona, y no le responderá por el momento. Esperará a resolverlo durante la retribución. ¿Qué implica esto? ¿Sigue teniendo esta persona un desenlace? ¡Dios nunca pretendió dar un resultado a este tipo de persona! ¿No es normal, pues, que no le responda en el presente a este tipo de persona? (Sí). ¿Cómo debería prepararse esta ahora? Debería disponerse a asumir las consecuencias negativas provocadas por su conducta, y por el mal que ha hecho. Esta es la respuesta de Dios a estas personas. Por tanto, a ellas les digo claramente: No os aferréis más a engaños, y dejad de involucraros en ilusiones. Dios no será para siempre tolerante con las personas; no soportará indefinidamente sus transgresiones ni su desobediencia. Algunos dirán: “Yo también he visto unas cuantas personas como esta. Cuando oran, Dios los toca de forma especial y lloran amargamente. Por lo general, suelen estar también muy contentos; parecen tener la presencia de Dios, y Su dirección”. ¡No pronunciéis semejante disparate! Llorar amargamente no significa necesariamente ser tocado por Dios o tener Su presencia, y mucho menos Su dirección. Si las personas enojan a Dios, ¿seguirá Él guiándolas? En general, cuando Dios ha determinado eliminar a alguien, abandonarlo, esa persona ya no tiene desenlace. No importan lo autocomplacientes que sean cuando oran ni cuánta confianza tengan en su corazón hacia Dios; esto carece ya de importancia. Lo importante es que Dios no necesita esa clase de confianza, que ya ha desdeñado a esa persona. La forma de tratar con ella después tampoco es ya relevante. Lo que cuenta es que en el momento en que esta persona enoja a Dios, su desenlace ya está establecido. Si Dios ha determinado no salvar a este tipo de persona, la dejará atrás para recibir el castigo. Esta es la actitud de Dios.
“Jehová” es el nombre que adopté durante Mi obra en Israel, y significa el Dios de los israelitas (el pueblo escogido de Dios) que puede tener compasión del hombre, maldecirlo, y guiar su vida. Significa el Dios que posee gran poder y está lleno de sabiduría. “Jesús” es Emanuel, y significa la ofrenda por el pecado que está lleno de amor, de compasión, y redime al hombre. Él realizó la obra de la Era de la Gracia, y representa la Era de la Gracia, y sólo puede representar una parte del plan de gestión. Es decir, sólo Jehová es el Dios del pueblo escogido de Israel, el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob, de Moisés, y de todo el pueblo de Israel. Y así en la era presente, todos los israelitas excepto la tribu de Judá adoran a Jehová. Hacen sacrificios a Él en el altar, y le sirven llevando túnicas de sacerdotes en el templo. Lo que esperan es la reaparición de Jehová. Sólo Jesús es el Redentor de la humanidad. Él es la ofrenda por el pecado que redimió a esta del mismo. Es decir, el nombre de Jesús vino de la Era de la Gracia, y existió por la obra de redención en la misma. El nombre de Jesús existió para permitir a las personas de dicha Era nacer de nuevo y ser salvos, y es un nombre particular para la redención de toda la humanidad. Y por tanto el nombre de Jesús representa la obra de la redención, y denota la Era de la Gracia. El nombre de Jehová es un nombre particular para el pueblo de Israel que vivía bajo la ley. En cada era y etapa de la obra, Mi nombre no carece de base, sino que tiene un significado representativo: cada nombre representa una era. “Jehová” representa la Era de la Ley, y es el título honorífico para el Dios adorado por el pueblo de Israel. “Jesús” representa la Era de la Gracia, y es el nombre del Dios de todos aquellos que fueron redimidos durante la Era de la Gracia. Si el hombre sigue anhelando la llegada de Jesús el Salvador durante los últimos días, y sigue esperando que llegue con la imagen que llevó en Judea, entonces todo el plan de gestión de seis mil años se detendría en la Era de la Redención, y sería incapaz de progresar más lejos. Los últimos días, además, nunca llegarían, y la era nunca acabaría. Esto se debe a que Jesús el Salvador es sólo para la redención y la salvación de la humanidad. Yo adopté el nombre de Jesús por causa de todos los pecadores en la Era de la Gracia, y no es el nombre por el cual llevaré a su fin a toda la humanidad. Aunque Jehová, Jesús, y el Mesías representan todos a Mi Espíritu, estos nombres sólo denotan las diferentes eras en Mi plan de gestión, y no representan mi totalidad. Los nombres por los que me llaman las personas en la tierra no pueden articular todo Mi carácter y todo lo que soy. Son simplemente nombres diferentes por los que soy llamado durante diferentes eras. Así pues, cuando la era final —la de los últimos días— llegue, Mi nombre cambiará de nuevo. No se me llamará Jehová, o Jesús, mucho menos el Mesías, sino el poderoso Todopoderoso Dios mismo, y bajo este nombre pondré fin a toda la era. Una vez se me conoció como Jehová. También se me llamó el Mesías, y las personas me llamaron una vez Jesús el Salvador porque me amaban y respetaban. Pero hoy no soy el Jehová o el Jesús que las personas conocieron en tiempos pasados, soy el Dios que ha vuelto en los últimos días, el que pondrá fin a la era. Soy el Dios mismo que se levanta en los extremos de la tierra, repleto con todo Mi carácter, y lleno de autoridad, honor y gloria. Las personas nunca han tenido contacto conmigo, nunca me han conocido, y siempre han ignorado Mi carácter. Desde la creación del mundo hasta hoy, ni una persona me ha visto. Este es el Dios que aparece al hombre durante los últimos días, pero que está oculto en medio de los hombres. Reside entre los hombres, verdadero y real, como el sol ardiente y el fuego llameante, lleno de poder y rebosante de autoridad. No hay una sola persona o cosa que no ha de ser juzgada por Mis palabras, y ni una sola persona o cosa que no ha de ser purificada ardiendo en el fuego. Finalmente, todas las naciones serán benditas por Mis palabras, y también hechas pedazos por ellas. De esta forma, todas las personas durante los últimos días verán que soy el Salvador que ha vuelto, que soy el Dios Todopoderoso que conquista toda la humanidad, que una vez fui la ofrenda por el pecado para el hombre, pero en los últimos días también me convierto en las llamas del sol que queman todas las cosas, así como el Sol de justicia que revela todas las cosas. Esa es Mi obra de los últimos días. Adopté este nombre y poseo este carácter de forma que todas las personas puedan ver que soy un Dios justo, el sol ardiente, y el fuego llameante. Es así para que todos puedan adorarme, el único Dios verdadero, y para que puedan ver Mi verdadero rostro: no soy sólo el Dios de los israelitas, y no soy sólo el Redentor, soy el Dios de todas las criaturas en todos los cielos, la tierra y los mares.
¿Qué es la fe en Dios? Dios dice: “La creencia en Dios” significa creer que hay un Dios; este es el concepto más simple de la fe en Él. Aún más, creer que hay un Dios no es lo mismo que creer verdaderamente en Él; más bien es una especie de fe simple con fuertes matices religiosos. La fe verdadera en Dios significa que la gente experimenta Sus palabras y Su obra en base a la creencia de que Él tiene soberanía sobre todas las cosas. Por tanto, se logrará desechar el carácter corrupto, se satisfará el deseo de Dios, y se llegará a conocerlo. Sólo emprendiendo ese paso se puede decir que se cree en Dios”.
La Palabra de Dios | Todos los que no conocen a Dios son los que se oponen a Él
Para comprender el propósito de la obra de Dios, el efecto que debe lograr en el hombre, y la voluntad de Dios hacia el hombre, esto es lo que cada hombre que sigue a Dios debería conseguir. Ahora lo que les falta a todos los hombres es el conocimiento de la obra de Dios. El hombre no comprende ni entiende exactamente qué constituyen los hechos de Dios en el hombre, toda Su obra, y Su voluntad desde la creación del mundo. Esta deficiencia no se ve simplemente a lo largo del mundo religioso, sino además en todos los creyentes de Dios. Cuando llegue el día en que contemples verdaderamente la sabiduría de Dios y seas consciente de ella; cuando veas todos los hechos de Dios y reconozcas qué es y tiene Él; cuando veas Su abundancia, sabiduría, maravilla, y toda Su obra en el hombre, entonces es cuando habrás alcanzado la fe exitosa en Dios. Cuando se dice que Él lo engloba todo y en abundante en gran manera, ¿qué quiere decirse con que lo engloba todo? ¿Y con la abundancia? Si no entiendes esto, entonces no se te puede considerar un creyente de Dios. ¿Por qué digo que los del mundo religioso no creen en Dios y son hacedores de maldad, que son de la misma clase que el diablo? Cuando digo que son hacedores de maldad, es porque no entienden la voluntad de Dios ni ven Su sabiduría. Dios nunca les revela Su obra; son hombres ciegos, que no ven los hechos de Dios. Son los abandonados por Él y que no poseen Su cuidado y Su protección, mucho menos la obra del Espíritu Santo. Los que no tienen la obra de Dios son hacedores de maldad y se oponen a Dios. Los que digo que se oponen a Él son los que no lo conocen, los que lo reconocen con palabras vacías pero no lo conocen, los que siguen a Dios pero no le obedecen, y los que se deleitan en la gracia de Dios pero no pueden ser testigos suyos. Sin un entendimiento del propósito de la obra de Dios y de esta en el hombre, este no puede ser conforme al corazón de Dios, y no puede ser testigo suyo. La razón por la que el hombre se opone a Dios brota, por un lado, del carácter corrupto del hombre, y por otro, de la ignorancia de Él y la falta de entendimiento de los principios de Su obra y Su voluntad hacia el hombre. Estos dos aspectos se combinan en una historia de la resistencia del hombre a Dios. Los nuevos en la fe se oponen a Dios porque tal oposición reside en su naturaleza, mientras la oposición contra Dios de aquellos con muchos años en la fe resulta de su ignorancia de Dios, además de su carácter corrupto. En la época anterior a que Dios se hiciera carne, la medida de si un hombre se oponía a Dios era si guardaba los decretos establecidos por Dios en el cielo. Por ejemplo, en la Era de la Ley, cualquiera que no guardara las leyes de Jehová se oponía a Él; y cualquiera que robara las ofrendas a Jehová, y resistiera a los favorecidos por Jehová también lo hacía, y sería apedreado hasta la muerte; cualquiera que no respetara a su padre y a su madre, y cualquiera que golpeara o maldijera a otro no guardaba las leyes. Y todos los que no guardaran las leyes de Jehová estaban contra Él. Esto ya no fue así en la Era de la Gracia, cuando cualquiera que estuviera contra Jesús estaba contra Dios, y cualquiera que no obedeciera las palabras pronunciadas por Jesús estaba contra Dios. En esta era, la determinación de la “oposición a Dios” se volvió más claramente definida y más real. En la época en la que Dios no se había hecho carne, la medida de si un hombre se oponía a Él se basaba en si lo adoraba o no, y en si miraba o no al Dios invisible en el cielo. La definición de “oposición a Dios” en esa época no era tan real, porque entonces el hombre no podía ver a Dios ni conocer Su imagen, ni saber cómo obraba y hablaba. El hombre no tenía noción alguna de Dios y creía en Él en la vaguedad, porque Él no se había aparecido al hombre. Por tanto, como el hombre creía en Dios en sus imaginaciones, Él no lo condenaba ni le pedía mucho, porque el hombre no podía verlo en absoluto. Cuando Dios se hace carne y viene a obrar entre los hombres, todos lo miran y oyen Sus palabras, y todos ven Sus hechos en la carne. En ese momento, todos los conceptos del hombre quedan reducidos a espuma. Y para aquellos que ven al Dios que aparece en la carne, todos los que tienen obediencia en sus corazones no serán condenados, mientras que los que están contra Él intencionadamente se considerarán oponentes de Dios. Tales hombres son anticristos y enemigos que están deliberadamente contra Él. Los que tienen nociones relativas a Dios pero obedecen alegremente no serán condenados. Él condena al hombre sobre la base a sus propósitos y acciones, nunca por sus pensamientos e ideas. Si el hombre fuera condenado sobre esa base, nadie podría entonces escapar de las manos iracundas de Dios. Los que están voluntariamente contra el Dios encarnado serán castigados por su desobediencia. Su oposición voluntaria a Dios brota de sus conceptos sobre Él, que resultan en su interrupción de la obra de Dios. Tales hombres resisten y destruyen la misma a sabiendas. No sólo tienen conceptos sobre Él, sino que hacen aquello que interrumpe Su obra, y es por esta razón que ese tipo de hombres será condenado. Los que no se involucran en la interrupción voluntaria de la obra no serán condenados como pecadores, porque son capaces de obedecer deliberadamente y no causar trastornos ni interrupciones. Tales hombres no serán condenados. Sin embargo, cuando los hombres han experimentado muchos años de la obra de Dios, si siguen albergando sus conceptos de Él y siguen siendo incapaces de conocer la obra del Dios encarnado, y a pesar de muchos años de experiencia, continúan aferrándose a muchos conceptos sobre Dios y siguen siendo incapaces de llegar a conocerlo, aunque no causan problemas con tantos conceptos de Dios en sus corazones, e incluso si tales conceptos no se revelan, esos hombres no sirven para la obra de Dios. Son incapaces de predicar el evangelio o dar testimonio de Dios; no sirven para nada y son imbéciles. Como no conocen a Dios y son incapaces de desechar sus conceptos de Él, están condenados. Puede decirse así: no es poco común para los nuevos en la fe tener conceptos de Dios o no conocer nada de Él, pero es anormal que aquellos que han creído durante muchos años y experimentado mucho de la obra de Dios tengan tales conceptos, y mucho más que no tengan un conocimiento de Él. Que tales hombres sean condenados es una consecuencia de semejante estado anormal. Esos hombres anormales no sirven para nada; son los que más se oponen a Dios y han disfrutado de Su gracia en vano. ¡Todos esos hombres serán eliminados al final!
Palabras diarias de Dios | Fragmento 483 | «Deberías obedecer a Dios al creer en Dios»
Dios dice: «¿Por qué crees en Dios? La mayoría de las personas se confunden con esta pregunta. Siempre tienen dos puntos de vista completamente diferentes acerca del Dios práctico y del Dios que está en el cielo, lo que demuestra que creen en Dios, no con el fin de obedecer, sino para recibir ciertos beneficios o para escapar del sufrimiento del desastre. Sólo entonces son algo obedientes, pero su obediencia es condicional, es por el bien de sus propias perspectivas personales, y se les impone. Así que, ¿por qué crees en Dios? Si sólo es por el bien de tus perspectivas y de tu destino, entonces mejor no creas. Una creencia como esta es autoengaño, autoconsuelo y autoapreciación. Si tu fe no se construye sobre el fundamento de la obediencia a Dios, entonces al final vas a ser castigado como resultado de oponerte a Dios. Todos los que no buscan la obediencia a Dios en su fe están en contra de Dios. Dios pide que las personas busquen la verdad, que tengan sed de las palabras de Dios, que coman y beban las palabras de Dios y que las pongan en práctica para que puedan lograr la obediencia a Dios. Si tus motivos son realmente así, entonces con toda seguridad Dios te levantará y con toda seguridad será misericordioso contigo. Nadie puede dudar esto, y nadie lo puede cambiar. Si tus motivos no son en aras de obedecer a Dios, y si tienes otras metas, entonces todo lo que digas y hagas, tus oraciones ante Dios e incluso cada una de tus acciones, van a estar en contra de Dios. Puedes ser de voz suave y apacible, cada una de tus acciones y expresiones pueden parecer correctas, puedes parecer alguien que obedece, pero cuando se trata de tus motivos y tus puntos de vista acerca de la fe en Dios, todo lo que haces está en contra de Dios y es malo. Las personas que parecen tan obedientes como corderos, pero cuyos corazones albergan malas intenciones, son lobos con piel de cordero, ofenden directamente a Dios y Dios no perdonará a ni una sola de ellas. El Espíritu Santo pondrá de manifiesto a cada una de ellas para que todos puedan ver que cada una de esas que son hipócritas, el Espíritu Santo seguramente las aborrecerá y las rechazará. No te preocupes: Dios ajustará cuentas y corregirá a cada una de ellas, una por una“.
Palabras diarias de Dios | Fragmento 151 | «Deberías saber cómo la humanidad completa se ha desarrollado hasta el día de hoy»
Dios usa Su manejo de la gente para derrotar a Satanás. Al corromper a la gente, Satanás lleva la suerte de la gente a un cierre y acosa la obra de Dios. Por otro lado, la obra de Dios es la salvación de la humanidad. ¿Cuál paso de la propia obra de Dios no está destinado a salvar a la humanidad? ¿Cuál paso no está destinado a limpiar a la gente, hacerlos actuar con rectitud y que vivan de una manera que cree una imagen digna de ser amada? Satanás, sin embargo, no hace esto. Este corrompe a la humanidad; continuamente hace su trabajo de corromper a la humanidad por todo el universo. Por supuesto, Dios también hace Su propio trabajo. Él no presta atención a Satanás. No importa cuánta autoridad Satanás posea, aun así, su autoridad le fue dada por Dios; Dios simplemente no llegó a darle toda Su autoridad, de manera que no importa lo que este haga, no puede superar a Dios y siempre está al alcance de la mano de Dios. Dios no reveló ninguno de Sus actos mientras estuvo en el cielo. Él meramente dio a Satanás una pequeña porción de la autoridad para permitirle ejercer control sobre los ángeles. Por tanto, no importa lo que haga, no puede superar la autoridad de Dios, porque la autoridad que Dios le otorgó originalmente es limitada. Mientras Dios trabaja, Satanás acosa. En los últimos días, el acoso de este terminará; de igual manera, la obra de Dios terminará, y el tipo de persona que Dios desea completar se completará. Dios dirige a la gente de manera positiva; Su vida es agua viva, inconmensurable y sin límites. Satanás ha corrompido al hombre hasta cierto grado; al final, el agua viva de la vida completará al hombre, y será imposible para Satanás interferir y llevar a cabo su trabajo. Por tanto, Dios recuperará por completo a esta gente. Satanás todavía se niega a aceptar esto; se enfrenta continuamente contra Dios, pero Dios no le presta ninguna atención. Él ha dicho: Yo saldré victorioso sobre la totalidad de las fuerzas oscuras de Satanás y sobre todas las influencias oscuras. Esta es la obra que ahora se debe hacer en la carne, y es también el significado de la encarnación. Es para completar la etapa de trabajo de derrotar a Satanás en los últimos días, eliminar todas las cosas que pertenecen a Satanás. ¡La victoria de Dios sobre Satanás es una tendencia inevitable! En realidad, Satanás fracasó hace mucho tiempo. Cuando el evangelio comenzó a extenderse por toda la tierra del gran dragón rojo, es decir, cuando Dios encarnado comenzó a trabajar y esta obra se puso en marcha, Satanás fue derrotado por completo, porque la encarnación estaba destinada a derrotar a Satanás. Satanás vio que Dios una vez más se había hecho carne y que igualmente había comenzado a llevar a cabo Su obra, y vio que ninguna fuerza podría detener Su obra. Por lo tanto, este se quedó estupefacto cuando vio la obra de Dios y no se atrevió a seguir haciendo más trabajo. Al principio Satanás pensó que también poseía mucha sabiduría, e interrumpió y acosó la obra de Dios; sin embargo, no esperaba que Dios se hiciera carne una vez más, y que, en Su obra, Dios utilizaría la rebelión de este para servirle como revelación y juicio para la humanidad, y con ellos conquistar a la humanidad y derrotarlo. Dios es más sabio que este, y Su obra lo excede con creces. Por tanto, anteriormente he dicho lo siguiente: el trabajo que Yo hago se lleva a cabo en respuesta a las artimañas de Satanás. Al final Yo voy a revelar Mi omnipotencia y la impotencia de Satanás. Cuando Dios realiza Su obra, Satanás lo sigue muy de cerca, hasta que al final, este es finalmente destruido, ¡este ni siquiera va a saber qué fue lo que lo golpeó! Sólo se dará cuenta de la verdad una vez que haya sido aplastado y vuelto añicos; en esos tiempos este ya habrá sido quemado en el lago de fuego. ¿Acaso no se convencerá este completamente para entonces? ¡Ya que no tendrá más tretas que usar!
Como cientos de millones de otros seguidores del Señor Jesucristo, nosotros acatamos las leyes y los mandamientos de la Biblia, gozamos la abundante gracia del Señor Jesucristo y nos reunimos, oramos, alabamos y servimos en el nombre del Señor Jesucristo, y todo esto lo hacemos bajo el cuidado y la protección del Señor. Muchas veces somos débiles y muchas veces fuertes. Creemos que todas nuestras acciones están en conformidad con las enseñanzas del Señor. Se sobreentiende, entonces, que también creemos que caminamos el camino de la obediencia a la voluntad del Padre que está en el cielo. Anhelamos el regreso del Señor Jesús, la gloriosa llegada del Señor Jesús, el fin de nuestra vida en la tierra, la aparición del reino, y todo lo que se predijo en el Libro de Apocalipsis: el Señor llega y trae el desastre, y recompensa a los buenos y castiga a los malvados, y se lleva en los aires a los que lo siguen y acogen Su regreso para que se encuentren con Él. Cada vez que pensamos en esto, no podemos evitar que la emoción nos embargue. Estamos agradecidos de haber nacido en los últimos días y somos lo suficientemente afortunados de ser testigos de la venida del Señor. Aunque hayamos sufrido persecución, es a cambio de “un peso de gloria que sobrepasa todo y que es eterno”; ¡qué bendición que así sea! Todo este anhelo y la gracia que otorga el Señor muchas veces nos vuelven más formales en la oración y nos reúnen con más frecuencia. Tal vez el año que entra, tal vez mañana o tal vez incluso antes, cuando el hombre no se lo espere, el Señor de repente llegará y aparecerá entre un grupo de personas que han estado esperándolo atentamente. Todos estamos compitiendo entre nosotros; nadie se quiere quedar atrás, a fin de poder ser el primer grupo en contemplar la aparición del Señor, para ser uno de los que van a ser arrebatados. Lo hemos dado todo, sin importar el costo, para la venida de este día. Algunos han abandonado sus trabajos; algunos han abandonado sus familias; algunos han renunciado al matrimonio; y algunos hasta han donado todos sus ahorros. ¡Qué devoción tan desinteresada! ¡Semejante sinceridad y lealtad deben incluso estar más allá de las de los santos de los siglos pasados! Así como el Señor concede gracia sobre quien Él quiere, y tiene misericordia de quien Él quiere, nuestra devoción y nuestro dispendio, creemos, Sus ojos ya los han contemplado. Así, también, nuestras sentidas oraciones ya han alcanzado Sus oídos, y confiamos en que el Señor nos recompensará por nuestra devoción. Además, Dios fue misericordioso para con nosotros antes de que creara el mundo, y nadie nos quitará las bendiciones de Dios y Sus promesas. Todos estamos planeando para el futuro y damos por sentado que nuestra devoción y gasto son moneda de cambio o acciones para nuestro arrebatamiento en el aire para encontrarnos con el Señor. Es más, sin el menor titubeo, nos ubicamos en el futuro trono, presidiendo sobre todas las naciones y pueblos o gobernando como reyes. Todo esto lo damos por hecho, como algo que se espera.
Devocional de hoy – La Palabra de Dios | Los malvados deben ser castigados
Revisar si practicas la justicia en todo lo que haces y si todas tus acciones Dios las observa, son los principios conductuales de los que creen en Dios. Seréis llamados justos porque podéis satisfacer a Dios y porque aceptáis el cuidado y la protección de Dios. A los ojos de Dios, todos los que aceptan el cuidado, la protección y la perfección de Dios y que Él gana, son justos y Dios los ve con estima. Entre más aceptéis las palabras de Dios en el aquí y el ahora, más seréis capaces de recibir y entender la voluntad de Dios y así podréis vivir más las palabras de Dios y satisfacer Sus exigencias. Esta es la comisión que Dios tiene para vosotros y lo que debéis lograr. Si usáis nociones para medir y delinear a Dios, como si Dios fuera una estatua de barro inmutable, y si delimitáis a Dios dentro de la Biblia y lo encerráis dentro de un limitado campo dónde obrar, entonces esto prueba que habéis condenado a Dios. Porque, en sus corazones, los judíos de la época del Antiguo Testamento fundieron a Dios en el molde de un ídolo, como si a Dios sólo se le pudiera llamar Mesías y sólo aquel que fuera llamado el Mesías fuera Dios, y porque ellos sirvieron y adoraron a Dios como si Él fuera una estatua de barro (sin vida), clavaron al Jesús de ese tiempo en la cruz, sentenciándolo a muerte, condenando a muerte al Jesús inocente. Dios no había cometido ningún crimen, sin embargo, el hombre no perdonó a Dios y resueltamente lo sentenció a muerte. Así Jesús fue crucificado. El hombre siempre cree que Dios es inmutable y lo define de acuerdo a la Biblia, como si el hombre hubiera penetrado la gestión de Dios, como si todo lo que Dios hace estuviera en las manos del hombre. Las personas son ridículas al extremo, las posee una arrogancia extrema y todas tienen un gusto por la elocuencia rimbombante. Independientemente de qué tan grande sea el conocimiento que tienes de Dios, todavía digo que no conoces a Dios, que no hay nadie que se le oponga más a Dios, y que condenas a Dios porque eres totalmente incapaz de obedecer la obra de Dios y caminar el camino para que Dios te perfeccione. ¿Por qué Dios nunca está satisfecho con las acciones del hombre? Porque el hombre no conoce a Dios, porque tiene tantas nociones y porque, en vez de cumplir con la realidad, todo su conocimiento de Dios está cortado de la misma tela y es rígido e inflexible. Así, habiendo venido a la tierra en la actualidad, una vez más el hombre ha clavado a Dios en la cruz. ¡Humanidad cruel y brutal! La confabulación y la intriga, los empujones entre ellos, la lucha por la reputación y la fortuna, la masacre mutua, ¿cuándo se van a terminar? Dios ha hablado cientos de miles de palabras pero nadie ha entrado en razón. Actúan por el bien de sus familias, hijos e hijas, por sus carreras, porvenires, estatus, vanidad y dinero, por la ropa, la comida y la carne, ¿las acciones de quién son verdaderamente por el bien de Dios? Incluso entre aquellos cuyas acciones son por el bien de Dios, sólo hay unos cuantos que conocen a Dios. ¿Cuántos no actúan por el bien de sus propios intereses? ¿Cuántos no oprimen y discriminan a los demás con el propósito de mantener su propio estatus? Así, de manera contundente, Dios ha sido condenado a muerte en innumerables ocasiones; innumerables jueces bárbaros han condenado a Dios y una vez más lo han clavado en la cruz. ¿Cuántos se pueden llamar justos porque en verdad actúan para la gloria de Dios?
Ante Dios, ¿es tan fácil ser perfeccionado en un santo o en una persona justa? Una frase trillada es que “no hay justos sobre esta tierra, los justos no están en este mundo”. Cuando venís delante de Dios, considerad lo que lleváis puesto, considerad cada una de vuestras palabras y acciones, todos vuestros pensamientos e ideas e incluso los sueños que soñáis cada día, todo es para vuestro propio bien. ¿No es este el verdadero estado de las cosas? “Justicia” no quiere decir dar limosna, no quiere decir amar a tu prójimo como a ti mismo y no quiere decir no pelear, discutir, hurtar o robar. Justicia quiere decir tomar la comisión de Dios como tu deber y obedecer las orquestaciones y arreglos de Dios como una vocación enviada del cielo, independientemente del tiempo o el lugar, igual que todo lo que hizo el Señor Jesús. Esta es la verdadera justicia de la que habló Dios. Que a Lot se le pudiera llamar un hombre justo fue porque salvó a dos ángeles que Dios envió sin importarle lo que ganara o perdiera; lo que hizo en ese momento se puede llamar justo, pero a él no se le puede llamar un hombre justo. Fue sólo porque Lot había visto a Dios que dio a sus dos hijas a cambio de los ángeles. Pero no todo su comportamiento en el pasado representa la justicia y por eso digo que “no hay justos sobre esta tierra”. Incluso entre aquellos que están en la corriente de la recuperación, ninguno se puede llamar justo. No importa qué tan buenas sean tus acciones, no importa cómo parezcas glorificar el nombre de Dios, si no les pegas a los demás o si no los maldices, o si no los hurtas y los robas, todavía no puedes ser llamado justo porque tales cosas las puede poseer cualquier persona normal. En la actualidad, lo que es clave es que no conoces a Dios. Sólo se puede decir que hoy tienes una pequeña humanidad normal, pero estás desprovisto de la justicia de la que Dios habla y por eso nada de lo que hagas es prueba de tu conocimiento de Dios.
Antes, cuando Dios estaba en el cielo, el hombre trató de engañar a Dios con sus acciones; hoy, Dios ha venido entre los hombres, por cuánto tiempo, nadie lo sabe, pero el hombre sigue actuando como siempre ante Dios y trata de burlarse de Él. ¿No es el hombre extremadamente retrasado en su pensamiento? Fue lo mismo con Judas: antes de que Jesús viniera, Judas les decía mentiras a sus hermanos y hermanas, y después de que Jesús vino no cambió; no tenía el más mínimo conocimiento de Jesús y al final lo traicionó. ¿No fue porque no conocía a Dios? Si hoy todavía no conocéis a Dios, entonces os volveréis un Judas y la tragedia de la crucifixión de Jesús durante la Era de la Gracia, hace miles de años, se volverá a desarrollar. ¿No lo creéis? ¡Es un hecho! En la actualidad, la mayoría de las personas existen en esas circunstancias, puedo estar diciendo esto un poco temprano, y esas personas juegan el papel de Judas. No estoy hablando ligeramente sino de acuerdo a los hechos, y debes creer. Aunque muchas personas pretenden ser humildes, en sus corazones no hay nada sino agua estancada y hedionda. Ahora bien, muchos en la iglesia están así. Pensáis que no sé nada; en la actualidad, Mi Espíritu me guía y da testimonio de Mí. ¿Crees que no sé nada? ¿Crees que no entiendo nada de los pensamientos retorcidos que hay dentro de vuestros corazones ni de las cosas guardadas dentro de vuestros corazones? ¿Se engaña tan fácilmente a Dios? ¿Crees que lo puedes tratar como quieras? En el pasado me preocupaba que estuvierais encadenados y así os seguí dando rienda suelta, pero nadie se dio cuenta de que estaba siendo bueno con ellos. Les di una pulgada y tomaron una milla. Pregúntense entre vosotros: no he tratado con casi nadie, y no he sido rápido para reprender a ninguno, pero estoy seguro de los motivos y las nociones del hombre. ¿Crees que el mismo Dios de quien Dios da testimonio es un necio? Si así es, entonces digo que eres muy ciego. No te voy a censurar y veamos qué tan depravado te vuelves. Veamos si tus trucos te pueden salvar o si hacer tu mejor esfuerzo por amar a Dios te puede salvar. No te voy a condenar hoy; esperemos hasta el tiempo de Dios para ver cómo toma represalias en tu contra. No tengo tiempo para tener una charla ociosa contigo ahora, ni estoy dispuesto a retrasar Mi mayor obra por causa tuya; un gusano como tú no es digno de que Dios ocupe Su tiempo en tratar contigo, así que veamos a qué lugar puedes llegar viviendo disolutamente. Tales personas no buscan tener el menor conocimiento de Dios y no tienen ningún amor por Dios; sin embargo, todavía quieren que Dios los llame justos, ¿no es esto un chiste? Ya que en realidad hay un pequeño número de personas que son honestas, no me ocupo de brindarle al hombre nada sino la vida. Sólo voy a completar eso que se debe hacer hoy y después la retribución vendrá sobre cada uno de acuerdo con su comportamiento. He dicho lo que me corresponde decir porque esta es la obra que hago. Hago eso que debo hacer y no hago eso que no debo hacer y aun así espero que paséis más tiempo en reflexión: ¿Exactamente cuánto de tu conocimiento de Dios es verdadero? ¿Eres uno de esos que una vez más han clavado a Dios en la cruz? Por último, digo esto: Ay de aquellos que crucifican a Dios.