¿En qué piensas cuando piensas en el Salvador? Muchos esperan que el Salvador descienda en los últimos días a salvar a la humanidad, y muchísimos profetas han afirmado que el Salvador llegará en los últimos días. ¿Y quién es realmente el Salvador? Aunque hay distintas interpretaciones y creencias sobre el Salvador en distintas religiones y denominaciones, no hay duda de que hay uno solo. ¿Y cuál es el verdadero Salvador? Cuando viene el Salvador, ¿cómo salva a la humanidad? Este episodio de En busca de la fe verdadera te ayudará a analizar estos misterios y aporta un testimonio real de cómo podemos ser salvados por este Salvador.
Muchas personas han encontrado dicho fenómeno: La mayoría de los verdaderos creyentes en el Señor, luego de creer en Dios, divulgarán el evangelio, hacer su trabajo y establecer iglesias con la mayor confianza; incluso hay algunos que nunca se casan en toda su vida para divulgar el evangelio; incluso algunos creyentes que tienen familias sucumben a sus goces en familia, afecto conyugal y atención de sus hijos para divulgar el evangelio…. Algunas personas piensan que estas conductas son incomprensibles y no saben por qué ellos creen en Dios tan fervientemente. Creer en Dios en casa no los interrumpe de hacer dinero o apoyar a su familia, y también pueden disfrutar la felicidad familiar con sus seres queridos y además pueden ingresar al cielo después de morir. ¿No es una elección perfecta? Al contrario, cuando divulgan el evangelio en todas partes, a menudo se enfrentan al ridículo y a la calumnia, e incluso sufrirán el arresto y persecución de el CCP ateístico, deambulando e incapaz de regresar a sus hogares. Entonces, ¿qué poder les incita a seguir el camino de la divulgación del evangelio?
Comentario al evangelio: La Biblia dice: “Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre” (1 Tesalonicenses 4:17). Creemos que cuando llegue el Señor, seremos arrebatados directamente a las nubes del cielo para encontrarnos con Él. Vosotros dais testimonio de que el Señor ha regresado, entonces, ¿por qué no hemos sido arrebatados?
Respuesta:
Debemos esperar el regreso del Señor basándonos en las profecías que Él mismo expresó. Eso es lo más adecuado para esperar el regreso del Señor. ¿A quién citáis exactamente? ¿Citáis las palabras del Señor o citáis las de un hombre? “Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire”. ¿Quién dijo esto? ¿Son las palabras del Señor Jesús? El Señor Jesús nunca dijo nada semejante. Ni tampoco las dijo el Espíritu Santo. Las palabras que citáis y en las que creéis son de Pablo. ¿Las palabras de Pablo representan al Señor Jesús? ¿Puede él representar a Dios? Solamente Dios conoce la respuesta a este misterio. Si nosotros, los humanos corruptos, nos atrevemos a intentar interpretar o hacer juicios a ciegas, ese es un serio problema. Pablo no es Cristo, no es más que un hombre corrupto corriente. Sus escritos están llenos de ideas e imaginaciones humanas impuras. Sus palabras no son la verdad, así que no podemos usarlas como prueba. Toda prueba debe basarse en las palabras de Dios en la Biblia. Esto concuerda con la verdad.
Prédicas cristianas escritas: El Señor Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).
La Palabra de Dios es la verdad, el camino y la vida. Solo siguiendo los pasos de Dios y practicando de acuerdo con las palabras de Dios podemos vivir en la luz. Al igual que cuando el Señor Jesús vino a trabajar, Pedro lo siguió por haber reconocido la voz de Dios. Y cuando Pedro se encontró con dificultades, le consultó al Señor Jesús, y el Señor le mostró maneras para practicar, tal como está escrito en la Biblia: “Entonces se le acercó Pedro, y le dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí que yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mateo 18:21-22). Pedro recibió así el suministro de vida y vivió a la luz de Dios. Por el contrario, los fariseos, sumos sacerdotes y escribas no siguieron el ritmo de la obra del Señor Jesús y se resistieron y condenaron a Él, como resultado, al final terminaron cayendo en tinieblas y siendo castigados por Dios.
Ahora los grandes desastres han llegado, las profecías del regreso del Señor se han cumplido básicamente, y el Señor Jesús ha regresado hace tiempo, ha expresado todas las verdades necesarias para la obra de la salvación de la humanidad, y ha mostrado al hombre el camino hacia la purificación y el reino de los cielos. Muchas personas han sido liberadas de la oscura influencia de Satanás y están viviendo en la luz de Dios. Entonces, ¿cómo se puede encontrar la aparición y la obra de Dios, seguir las huellas del Cordero, recibir la verdad y vivir en la luz de Dios? Bienvenido a discutir y comunicarse con nosotros de las siguientes maneras.
Prédicas cristianas: Las frecuentes catástrofes han cumplido las profecías bíblicas acerca del regreso del Señor
En los últimos 15 días, el mundo ha ocurrido varias eventos grandes:
1.Volvió a estallar el conflicto político entre Israel y Gaza
2.Se ocurrió un terremoto de magnitud 7.1 en México
3.La tormenta Nicholas causó enormes daños en los Estados Unidos.
Además, en los últimos años, otros desastres como la plaga, la hambruna y la inundación también son frecuentes y cada vez más graves. Estos fenómenos cumplen justamente las profecías del regreso del Señor, como: “Y habréis de oír de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado! No os alarméis, porque es necesario que todo esto suceda; pero todavía no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y en diferentes lugares habrá hambre y terremotos. Pero todo esto es solo el comienzo de dolores” (Mateo 24:6-8). El cumplimiento de estas profecías muestra que ¡el Señor ha regresado!
Dios Todopoderoso dice: “Los últimos días han llegado, y en los países alrededor del mundo reina la confusión. Hay desorden político, por todos lados están apareciendo hambrunas, pestilencias, inundaciones y sequías. Hay una catástrofe en el mundo del hombre; los cielos han hecho bajar el desastre. Estas son las señales de los últimos días”.
“Cuando se habla de los últimos días, esto se refiere a una era independiente; una en la que Jesús dijo que sin duda deberéis afrontar desastres y terremotos, hambrunas y plagas, lo que señalará que es una nueva era, y no la antigua Era de la Gracia”.
Ahora el Señor Jesús a quien anhelamos ha regresado hace mucho tiempo, ha puesto fin a la vieja época y ha abierto una nueva, ha expresado la verdad, ha realizado una etapa de la obra de purificar y salvar al hombre a fin de salvarlo del pecado completamente, y de que pueda sobrevivir a la Gran Tribulación y entrar en el reino de Dios.
La iglesia de Filadelfia ha tomado forma, lo cual se debe, por completo, a la gracia y la misericordia de Dios. El amor a Dios surge en el corazón de innumerables santos, quienes no vacilan en su viaje espiritual. Se aferran a su creencia de que el único Dios verdadero se ha hecho carne, que Él es la Cabeza del universo que manda sobre todas las cosas: esto lo confirma el Espíritu Santo ¡y es tan inamovible como las montañas! ¡Y jamás cambiará!
Palabra de Dios para hoy | Fragmento 2 | “Conocer a Dios es el camino hacia el temer a Dios y apartarse del mal”
Las posesiones y el ser de Dios, Su esencia, Su carácter, todo ello ha sido dado a conocer en Sus palabras a la humanidad. Cuando el hombre experimente las palabras de Dios, en el proceso de cumplirlas llegará a comprender el propósito subyacente a las palabras que Dios habla, a comprender la fuente y el trasfondo de las palabras de Dios, y a entender y apreciar el efecto deseado de las palabras de Dios. Para la humanidad, todas estas son cosas que el hombre debe experimentar, captar y lograr a fin de poder obtener la verdad y la vida, captar las intenciones de Dios, ser transformado en su carácter y volverse capaz de someterse a la soberanía y a los arreglos de Dios. Al mismo tiempo que el hombre experimente, capte y logre estas cosas, habrá obtenido gradualmente un entendimiento de Dios y, en ese momento, también habrá conseguido diferentes grados de conocimiento sobre Él. Este entendimiento y conocimiento no surgen de algo que el hombre haya imaginado o compuesto, sino más bien de lo que aprecia, experimenta, siente, y corrobora dentro de sí mismo. Sólo después de apreciar, experimentar, sentir, y corroborar estas cosas adquiere contenido el conocimiento de Dios por parte del hombre; sólo el conocimiento que obtiene en este momento es exacto, práctico, y preciso, y este proceso —de conseguir un entendimiento y un conocimiento genuinos de Dios mediante la apreciación, la experimentación, la sensación y la corroboración de Sus palabras— no es otro que la comunión verdadera entre el hombre y Dios. En medio de esta clase de comunión, el hombre llega a entender y comprender verdaderamente las intenciones de Dios, llega verdaderamente a comprender y conocer las posesiones y el ser de Dios, llega a comprender y conocer verdaderamente la esencia de Dios, llega a comprender y conocer gradualmente el carácter de Dios, llega a una certeza real y a una definición correcta de la realidad del dominio de Dios sobre toda la creación, y consigue una orientación y un conocimiento sustanciales de la identidad y la posición de Dios. En medio de este tipo de comunión, el hombre cambia paso a paso sus ideas sobre Dios, no imaginando más que sale de la nada ni dando rienda suelta a sus propias sospechas sobre Él, ni malinterpretándolo, condenándolo, juzgándolo o dudando de Él. En consecuencia, el hombre tendrá menos debates con Dios, menos conflictos con Él, y habrá menos ocasiones en las que se rebelará contra Él. Por el contrario, la preocupación del hombre por Dios y su sumisión a Él se incrementarán, y su reverencia por Dios se volverá más real y más profunda. En medio de este tipo de comunión, el hombre no sólo alcanzará la provisión de la verdad y el bautismo de vida, sino que también obtendrá al mismo tiempo el verdadero conocimiento de Dios. En medio de este tipo de comunión, el hombre no sólo será transformado en su carácter y recibirá la salvación, sino que al mismo tiempo también conseguirá la reverencia y la adoración verdaderas de un ser creado hacia Dios. Habiendo tenido esta clase de comunión, la fe del hombre en Dios ya no será más una hoja de papel en blanco, o una promesa ofrecida como falsas promesas, o una forma de búsqueda e idolatría ciegas; sólo con este tipo de comunión crecerá la vida del hombre, día tras día, hacia la madurez, y sólo ahora se transformará gradualmente su carácter, y su fe en Dios, paso a paso pasará de una creencia vaga e incierta a una sumisión y una preocupación genuinas, a una reverencia real; asimismo, en su búsqueda de Dios, el hombre progresará gradualmente de una actitud pasiva a una activa, de una sobre la que se actúa a una que lleva a cabo una acción positiva; sólo con este tipo de comunión el hombre llegará a un entendimiento y una comprensión verdaderos de Dios, al conocimiento verdadero de Dios. Debido a que la gran mayoría de las personas nunca han entrado en la verdadera comunión con Dios, su conocimiento de Él se detiene a nivel de la teoría, de las letras y de las doctrinas. Es decir, independientemente de cuántos años haya creído en Dios, en lo que respecta a su conocimiento de Él la gran mayoría de las personas está en el mismo lugar que cuando empezaron, atascados en el fundamento de cultos tradicionales, con sus elementos de color legendario y superstición feudal. Que ese conocimiento de Dios por parte del hombre se encuentre estancado en su punto de partida significa que prácticamente no existe. Aparte de la afirmación de la posición y de la identidad de Dios por parte del hombre, la fe de este en Él permanece en un estado de incertidumbre confusa. Siendo esto así, ¿cuánta reverencia verdadera puede tener el hombre hacia Dios?
No importa lo firmemente que creas en Su existencia, esto no puede tomar el lugar de tu conocimiento de Dios ni de tu reverencia hacia Él. No importa lo mucho que hayas disfrutado de Sus bendiciones y Su gracia, esto no puede tomar el lugar de tu conocimiento de Dios. No importa lo dispuesto y lo deseoso que estés de consagrar tu todo y gastar tu todo por Su causa, esto no puede tomar el lugar de tu conocimiento de Dios. Quizá te has familiarizado tanto con las palabras que Él ha dicho, o quizá incluso te las sabes de memoria y puedes recitarlas al revés, pero esto no puede tomar el lugar de tu conocimiento de Dios. Por muy decidido que pueda estar el hombre a seguir a Dios, si nunca ha tenido una comunión genuina con Él, o una experiencia genuina de Sus palabras, su conocimiento de Dios no sería más que un vacío total o un ensimismamiento sin fin; con todo y que te hayas “codeado” con Dios de pasada, o te lo hayas encontrado cara a cara, tu conocimiento de Él seguiría siendo cero, y tu reverencia hacia Él no sería más que un reclamo vacío o un ideal.
Cada uno de vosotros deberíais examinar de nuevo vuestra vida de creencia en Dios para ver si, en la búsqueda de Dios, habéis verdaderamente entendido, verdaderamente comprendido y verdaderamente llegado a conocer a Dios, si sabéis realmente qué actitud tolera Dios de los diversos tipos de seres humanos, y si vosotros entendéis verdaderamente qué está obrando Dios en vosotros y cómo define Él cada uno de vuestros actos. Este Dios, que está a tu lado, guiando la dirección de tu progreso, ordenando tu destino, y supliendo tus necesidades, ¿cuánto comprendes y cuánto conoces realmente de Él en el análisis final? ¿Sabes lo que Él obra en ti cada día? ¿Conoces los principios y propósitos sobre los que Él basa cada uno de Sus actos? ¿Sabes cómo te guía Él? ¿Conoces los medios por los cuales provee para ti? ¿Conoces los métodos con los que te dirige? ¿Sabes lo que Él desea obtener de ti y lo que desea conseguir en ti? ¿Conoces la actitud que Él toma ante las variopintas formas en las que te comportas? ¿Sabes si eres una persona amada por Él? ¿Conoces el origen de Su gozo, ira, tristeza y deleite, los pensamientos y las ideas detrás de ellos, y Su esencia? ¿Sabes, finalmente, qué clase de Dios es este Dios en el que crees? ¿Son estas y otras preguntas por el estilo algo que nunca has comprendido o en lo que nunca has pensado? En la búsqueda de tu creencia en Dios, ¿has aclarado tus malentendidos acerca de Él, mediante un verdadero reconocimiento y experiencia de la palabra de Dios? ¿Has llegado a una sumisión y una preocupación genuinas después de recibir la disciplina y el castigo de Dios? ¿Has llegado a conocer la rebeldía y la naturaleza satánica del hombre y has obtenido un mínimo de entendimiento acerca de la santidad de Dios, en medio de Su castigo y de Su juicio? ¿Has comenzado a tener una nueva perspectiva de la vida bajo la dirección y el esclarecimiento de las palabras de Dios? ¿Has sentido, en medio de las pruebas enviadas por Dios, Su intolerancia a las ofensas del hombre, así como lo que Él exige de ti y cómo te está salvando? Si no sabes lo que es malinterpretar a Dios, o cómo aclarar este malentendido, entonces se puede decir que nunca has entrado en la verdadera comunión con Dios y que nunca le has comprendido, o al menos que nunca has deseado comprenderle. Si no sabes qué son la disciplina y el castigo de Dios, seguramente no sabes qué son la sumisión y la preocupación, o al menos que nunca te has sometido a Dios ni te has preocupado por Él verdaderamente. Si nunca has experimentado el castigo y el juicio de Dios, seguramente no sabrás lo que es Su santidad, y tu idea respecto a lo que es la rebeldía del hombre será menos clara. Si nunca has tenido verdaderamente una perspectiva correcta ni un objetivo correcto en la vida, y permaneces en estado de confusión e indecisión sobre tu camino futuro en la vida, hasta el punto de titubear para seguir adelante, es indudable que nunca has recibido el esclarecimiento y la dirección de Dios, y se puede decir también que las palabras de Dios verdaderamente nunca te han provisto ni suplido. Si no has pasado aún por la prueba de Dios, sobra decir que, desde luego, no sabes lo que es la intolerancia de Dios a las ofensas del hombre ni entenderás lo que Dios en última instancia exige de ti y, menos aún lo que es, en definitiva, Su obra de gestionar y salvar al hombre. No importa cuántos años una persona haya creído en Dios, si nunca ha experimentado o percibido nada en Sus palabras, no cabe duda de que no está caminando por la senda hacia la salvación; con toda seguridad su fe en Dios no tiene un contenido real; su conocimiento de Dios es nulo, y no es necesario decir que no tiene idea en absoluto de lo que es temer a Dios.
Fragmento 4 de película cristiana “La fe en Dios”: ¿Aferrarse a la Biblia equivale a creer en Dios? (Español Latino)
La mayor parte del mundo religioso cree que la Biblia es el canon del cristianismo, que hay que aferrarse a la Biblia y basar la fe de uno en el Señor íntegramente en ella, y que una persona no puede ser considerada creyente si se aparta de la Biblia. Entonces, ¿es lo mismo creer en el Señor que creer en la Biblia? ¿Qué relación hay exactamente entre la Biblia y el Señor? Una vez, el Señor Jesús reprendió a los fariseos con estas palabras: “Examináis las Escrituras porque vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:39-40). La Biblia es un mero testimonio de Dios, pero no tiene vida eterna. Sólo Dios es la verdad, el camino y la vida. En tal caso, ¿cómo tratamos la Biblia de manera que se ajuste a la voluntad del Señor?
Como creyentes en el Señor, ¿tenemos el camino de la vida eterna?
El Señor Jesús dijo: “pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna” (Juan 4:14). Muchos hermanos y hermanas en el Señor leen la palabra del Señor y creen que Él tiene el camino de la vida eterna y que nos lo otorgó hace mucho tiempo. A lo largo de nuestros años de fe en el Señor hemos continuado confesando nuestros pecados y arrepintiéndonos de acuerdo con Sus enseñanzas, hemos sufrido y pagado las consecuencias de difundir Su evangelio, hemos pastoreado Sus iglesias, hemos cargado cruces para seguirlo, hemos sido pacientes y tolerantes con los demás y no hemos rechazado Su nombre cuando nos han sobrevenido desastres o persecuciones. Somos capaces de guardar la senda del Señor, por lo que ya tenemos el camino de la vida eterna y, cuando venga el Señor, nos elevará al reino de los cielos, donde recibiremos la vida eterna. No obstante, ¿es correcto este punto de vista? ¿Concuerda con la verdad?