Solo amar a Dios es realmente creer en Él


Hoy, cuando buscáis amar y conocer a Dios, en un aspecto debéis soportar dificultad y refinamiento, y en otro, debéis pagar un precio. Ninguna lección es más profunda que la de amar a Dios, y puede decirse que la lección que las personas aprenden de una vida de creencia es cómo amarlo. Es decir, si crees en Dios debes amarlo. Si solo crees en Él pero no lo amas, no has alcanzado el conocimiento de Él y nunca lo has amado con un amor verdadero que proviene de tu corazón, entonces tu creencia en Él es fútil; si, en tu creencia en Dios, no lo amas, vives en vano, y tu vida entera es la más inferior de todas. Si, a lo largo de toda tu vida, nunca has amado o satisfecho a Dios, ¿cuál es, pues, el sentido de que vivas? ¿Y cuál es el sentido de tu creencia en Dios? ¿No es esto un esfuerzo desperdiciado? Es decir, si las personas van a creer y a amar a Dios, deben pagar un precio. En lugar de actuar de una determinada manera externamente, deberían buscar la verdadera percepción en lo profundo de sus corazones. Si te entusiasma cantar y bailar, pero eres incapaz de poner en práctica la verdad, ¿podría decirse de ti que amas a Dios? Amar a Dios requiere buscar Su voluntad en todas las cosas, que explores en lo profundo de tu ser cuando te ocurra algo y que trates de comprender la voluntad de Dios, que procures ver qué voluntad de Dios está en juego, qué pide Él que consigas y cómo debes ser consciente de Su voluntad. Por ejemplo: ocurre algo que requiere que soportes dificultades, momento en el cual debes entender cuál es la voluntad de Dios y cómo debes ser consciente de ella. No debes satisfacerte a ti mismo: primero ponte a un lado. Nada es más abyecto que la carne. Debes buscar satisfacer a Dios y cumplir con tu deber. Con tales pensamientos, Dios te traerá un esclarecimiento especial en relación al asunto, y tu corazón también encontrará alivio. Sea pequeño o grande, cuando te ocurre algo debes ponerte primero a un lado y considerar la carne como la más inferior de todas las cosas. Mientras más la satisfaces, más libertades se toma; si la satisfaces esta vez, la próxima pedirá más. Cuando esto tiene lugar, las personas llegan a amarla aún más. La carne siempre tiene deseos extravagantes, siempre pide que la satisfagas, y que la gratifiques en su interior, ya sea con lo que comes, con lo que vistes, perdiendo los estribos o complaciendo tu propia debilidad y pereza… Mientras más satisfaces la carne, mayores se vuelven sus deseos, y más disoluta se vuelve ella, hasta llegar al punto de albergar incluso las nociones más profundas, desobedecer a Dios, exaltarse y dudar de Su obra. Mientras más satisfaces la carne, mayores son sus debilidades; sentirás continuamente que nadie se compadece de tus debilidades, creerás que Dios ha ido demasiado lejos y dirás: “¿Cómo podría Dios ser tan duro? ¿Por qué no les da un respiro a las personas?”. Cuando los seres humanos satisfacen la carne y la valoran demasiado, acaban por arruinarse. Si amas realmente a Dios y no satisfaces la carne, verás que todo lo que Él hace es correcto y muy bueno, y que Su maldición de tu rebeldía y el juicio de tu impiedad son justificados. Habrá momentos en los que Dios te castigue y discipline y produzca un entorno para templarte, obligándote a venir delante de Él. Siempre sentirás que lo que Dios está haciendo es maravilloso. Por tanto, te parecerá que no hay tanto dolor y que Dios es maravilloso. Si complaces las debilidades de la carne y dices que Dios va demasiado lejos, siempre sentirás dolor, estarás deprimido, confundido respecto a toda Su obra, y parecerá que Él no se compadece en absoluto de las debilidades del hombre ni es consciente de sus dificultades. Por tanto, te sentirás siempre miserable y solo, como si hubieras sufrido una gran injusticia, y esta vez comenzarás a quejarte. Cuanto más complaces las debilidades de la carne de esta forma, más sentirás que Dios va demasiado lejos, hasta que las cosas empeorarán tanto que negarás Su obra, comenzarás a oponerte a Él y te llenarás de desobediencia. Así pues, debes rebelarte contra la carne y no complacerla: “Mi esposo (esposa), mis hijos, mis perspectivas, mi matrimonio, mi familia, ¡nada de eso importa! En mi corazón solo existe Dios y debo esforzarme lo más posible por satisfacer a Dios y no satisfacer la carne”. Debes tener esta determinación. Si siempre posees tal determinación, cuando pongas en práctica la verdad y te apartes a un lado, serás capaz de hacerlo con muy poco esfuerzo. Se dice que una vez hubo un campesino que vio una serpiente congelada en la carretera. La recogió y la sostuvo contra su pecho, y después de revivir esta lo mordió mortalmente. La carne del hombre es como la serpiente: su esencia es hacer daño a su vida y cuando consigue completamente lo que quiere, la vida se pierde. La carne pertenece a Satanás. Dentro de ella hay deseos extravagantes, la carne solo piensa en sí misma, quiere disfrutar de comodidades, deleitarse en el ocio y regodearse en la pereza y la holgazanería. Una vez que la hayas satisfecho hasta un determinado punto, te terminará comiendo. Es decir, si la satisfaces una vez, la siguiente vez vendrá pidiendo más. La carne siempre tiene deseos extravagantes y nuevas exigencias y se aprovecha de que la complazcas para hacer que la valores aún más y vivas entre sus comodidades, y si no la vences, con el tiempo, acaba por arruinarte. Que puedas o no lograr vida ante Dios y cuál sea tu final definitivo, depende de cómo lleves a cabo tu rebelión contra la carne. Dios te ha salvado, escogido y predestinado, pero si hoy no estás dispuesto a satisfacerle, a poner en práctica la verdad, a rebelarte contra tu propia carne con un corazón que ame a Dios de verdad, te terminarás destruyendo, y sufrirás un dolor extremo. Si siempre complaces la carne, Satanás te devorará gradualmente y te dejará sin vida y sin el toque del Espíritu, hasta que llegue el día en que te encuentres totalmente en tinieblas en tu interior. Cuando vivas en la oscuridad, Satanás te habrá llevado cautivo; ya no tendrás más a Dios en tu corazón y en ese momento negarás Su existencia y lo abandonarás. Por tanto, si las personas desean amar a Dios, deben pagar el precio del dolor y soportar las dificultades. No hay necesidad de fervor y dificultades externos, ni de leer ni ir de aquí para allá, más bien deberían poner de lado las cosas que hay dentro de ellas: los pensamientos extravagantes, los intereses personales y sus propias consideraciones, nociones e intenciones. Esa es la voluntad de Dios.

El tratamiento del carácter externo de las personas por parte de Dios es también una parte de Su obra; ocuparse de la humanidad externa, anormal, por ejemplo, o de sus estilos de vida y hábitos, sus maneras y costumbres, así como de sus prácticas externas y su fervor. Pero cuando Él pide que las personas pongan en práctica la verdad y cambien su carácter, se refiere, primordialmente, a las intenciones y las nociones en su interior. Tratar solamente con tu carácter externo no es difícil; es como pedirte que no comas las cosas que te gustan, lo cual es fácil. Sin embargo, no es fácil dejar lo que concierne a los conceptos en tu interior. Requiere que las personas se rebelen contra la carne, que paguen un precio y que sufran ante Dios. Esto es particularmente así en relación a las intenciones de las personas. Desde que las personas empezaron a creen en Dios, han albergado muchas intenciones incorrectas. Cuando no estás poniendo en práctica la verdad, sientes que todas tus intenciones son correctas, pero, cuando te ocurre algo, verás que hay muchas incorrectas dentro de ti. Así pues, cuando Dios hace perfectas a las personas, los hace que se den cuenta de que muchos conceptos que hay en ellas que están obstruyendo su conocimiento de Dios. Cuando reconoces que tus intenciones son erróneas, si eres capaz de dejar de practicar de acuerdo a tus conceptos e intenciones, de dar testimonio de Dios y de mantenerte firme en tu posición en todo lo que te acontece, esto demuestra que te has rebelado contra la carne. Cuando lo has hecho, se produce inevitablemente una batalla en tu interior. Satanás intentará y hará que las personas lo sigan, que sigan las nociones de la carne y defiendan los intereses de la carne, pero las palabras de Dios esclarecerán e iluminarán a las personas en su interior, y en ese momento está en ti seguir a Dios o a Satanás. Dios pide a las personas que pongan en práctica la verdad principalmente para ocuparse de las cosas de su interior, de sus pensamientos y sus nociones que no son según Su corazón. El Espíritu Santo toca a las personas en su corazón y las esclarece e ilumina. Por tanto, existe una batalla detrás de todo lo que acontece: cada vez que las personas ponen en práctica la verdad o el amor a Dios, se desencadena una gran batalla, y aunque todo pueda parecer estar bien con su carne, en lo profundo de sus corazones se estará desarrollando de hecho una batalla a vida o muerte. Solo después de esta intensa lucha, después de una gran cantidad de reflexión, puede decidirse la victoria o la derrota. Uno no sabe si reír o llorar. Como muchas de las intenciones internas de las personas son erróneas o como gran parte de la obra de Dios entra en conflicto con sus nociones, cuando las personas ponen en práctica la verdad, se libra una gran batalla entre bambalinas. Una vez puesta en práctica esta verdad, las personas derramarán detrás del escenario innumerables lágrimas de tristeza antes de decidirse por fin a satisfacer a Dios. Es gracias a esta batalla que las personas soportan el sufrimiento y el refinamiento; esto es sufrimiento real. Cuando la batalla llegue a ti, si eres capaz de ponerte verdaderamente en el lado de Dios, podrás satisfacerle. Mientras se practica la verdad, es inevitable sufrir por dentro; si, cuando pusieran en práctica la verdad, todo estuviese bien en su interior, no necesitarían que Dios los perfeccionase ni habría batalla alguna y no sufrirían. Es debido a que, en las personas, hay una gran cantidad de cosas no adecuadas para el uso de Dios y hay mucho del carácter rebelde de la carne que los seres humanos deben aprender de un modo más profundo la lección de rebelarse contra la carne. Esto es lo que Dios llama el sufrimiento que le pidió al hombre que pasara junto con Él. Cuando encuentres dificultades, date prisa y ora a Dios: “¡Oh, Dios! Deseo satisfacerte, deseo soportar la dificultad final para satisfacer Tu corazón e independientemente de lo grandes que sean los reveses que sufra, seguiré satisfaciéndote. Aunque tenga que entregar toda mi vida, ¡seguiré satisfaciéndote!”. Con esta determinación, cuando ores así, serás capaz de mantenerte firme en tu testimonio. Cada vez que ponen en práctica la verdad, cada vez que pasan por refinamientos, cada vez que son probadas y cada vez que la obra de Dios viene sobre ellas, las personas tienen que soportar un dolor extremo. Todo esto es una prueba para las personas y, por tanto, dentro de todas ellas hay una batalla. Este es el precio real que pagan. Leer más de las palabras de Dios y correr más de un lado a otro es una parte del precio. Es lo que las personas deberían hacer, es su deber y la responsabilidad que deberían cumplir, pero tienen que dejar de lado lo que es necesario dejar de lado dentro de ellas. Si no lo haces, por muy grande que sea tu sufrimiento externo y por mucho que corretees, ¡todo será en vano! Es decir, solo los cambios en tu interior pueden determinar si tus dificultades externas tienen valor. Cuando tu carácter interno ha cambiado y has puesto en práctica la verdad, todo tu sufrimiento externo obtendrá la aprobación de Dios; si no ha habido un cambio en tu carácter interno, no importa cuánto sufrimiento soportes o cuánto corretees en el exterior, no habrá aprobación de Dios y las dificultades no confirmadas por Dios son en vano. Por consiguiente, si el precio que pagaste es aprobado por Dios, depende de si se ha producido un cambio en ti o no, y si pones o no la verdad en práctica y te rebelas contra tus propias intenciones y nociones para alcanzar la satisfacción de la voluntad de Dios, el conocimiento de Dios y la lealtad a Dios. No importa cuánto corras de un lado a otro, si nunca has sabido rebelarte contra tus propias intenciones, si solo buscas acciones y fervor externos y nunca prestas atención a tu vida, tus dificultades habrán sido en vano. Si, en un entorno determinado, tienes algo que quieres decir, pero por dentro sientes que decirlo no es correcto, que decirlo no beneficia a tus hermanos y hermanas, sino que puede herirlos, entonces no lo dirás y preferirás quedarte internamente adolorido, porque estas palabras son incapaces de cumplir la voluntad de Dios. En ese momento, habrá una batalla en tu interior, pero estarás dispuesto a padecer dolor y entregar lo que amas y soportar esta dificultad para satisfacer a Dios; y aunque tendrás dolor por dentro, no complacerás a la carne, y el corazón de Dios habrá sido satisfecho; por tanto, tú también te sentirás consolado por dentro. Esto es realmente pagar un precio, y es el que Dios desea. Si practicas de esta manera, Él sin duda te bendecirá; si no puedes lograrlo, no importa cuánto entiendas ni lo bien que puedas hablar, ¡no servirá para nada! Si, en el camino hacia el amor a Dios, eres capaz de ponerte de Su lado cuando lucha con Satanás y no vuelves a éste, habrás conseguido el amor a Dios y te habrás mantenido firme en tu testimonio.

En cada paso de la obra que Dios hace en las personas, externamente parece que se producen interacciones entre ellas, como nacidas de disposiciones humanas o de la interferencia humana. Sin embargo, detrás de bambalinas, cada etapa de la obra y todo lo que acontece es una apuesta hecha por Satanás ante Dios y exige que las personas se mantengan firmes en su testimonio de Dios. Mira cuando Job fue probado, por ejemplo: detrás de escena, Satanás estaba haciendo una apuesta con Dios, y lo que aconteció a Job fue obra de los hombres y la interferencia de estos. Detrás de cada paso de la obra que Dios hace en vosotros está la apuesta de Satanás con Él, detrás de todo ello hay una batalla. Por ejemplo, si tienes prejuicios hacia los hermanos y hermanas, tendrás palabras que querrás decir —palabras que sientes que pueden ser desagradables para Dios—, pero que, si no las dices, te producirán una incomodidad interna y, en ese momento, una batalla se desatará dentro de ti: “¿Hablo o no hablo?”. Esa es la batalla. Por tanto, en todo aquello con lo que te encuentres hay una batalla, y cuando se produce una en tu interior, gracias a tu cooperación y tus sufrimientos reales, Dios obra en ti. En última instancia, eres capaz de poner el asunto a un lado dentro de ti y el enojo se extingue de forma natural. Ese es el efecto de tu cooperación con Dios. Todo lo que las personas hacen tiene un determinado precio en sus esfuerzos. Sin dificultades reales no pueden satisfacer a Dios; ni siquiera se acercan a ello, ¡y solo están repitiendo eslóganes vacíos! ¿Pueden estos eslóganes vacíos satisfacer a Dios? Cuando Él y Satanás luchan en el ámbito espiritual, ¿cómo deberías satisfacer a Dios? Y ¿cómo deberías mantenerte firme en el testimonio de Él? Deberías saber que todo lo que te ocurre es una gran prueba y es el momento en que Dios necesita que des testimonio. Aunque parezcan no ser importantes desde fuera, cuando estas cosas ocurren muestran si amas o no a Dios. Si lo haces, serás capaz de mantenerte firme en tu testimonio de Él y, si no has puesto en práctica el amor a Dios, esto muestra que no eres alguien que pone en práctica la verdad, que no tienes la verdad ni tienes la vida, ¡que eres cascarilla! Todo lo que acontece a las personas tiene lugar cuando Dios necesita que se mantengan firmes en el testimonio que dan de Él. Aunque, de momento, no te está ocurriendo nada importante y no estás dando un gran testimonio, cada detalle de tu vida diaria tiene relación con el testimonio de Dios. Si puedes obtener la admiración de los hermanos y hermanas, tus familiares y todos a tu alrededor; si un día llegan los incrédulos y admiran todo lo que haces y ven que todo lo que Dios hace es maravilloso, habrás dado testimonio. Aunque no tienes percepción y tu calibre es pobre, por medio de tu perfeccionamiento por parte de Dios puedes satisfacerlo y ser consciente de Su voluntad, lo cual muestra a otros la gran obra que Él ha hecho en personas del calibre más pobre. Cuando las personas llegan a conocer a Dios y se vuelven vencedores delante de Satanás y leales a Dios en gran medida, nadie tiene más agallas que este grupo de personas, y este es el más grande testimonio. Aunque eres incapaz de hacer una gran obra, puedes satisfacer a Dios. Otros no pueden poner a un lado sus nociones, pero tú sí; otros no pueden dar testimonio de Dios durante sus experiencias reales, pero tú puedes usar tu estatura y tus acciones reales para retribuirle por Su amor y dar un testimonio rotundo de Él. Sólo esto puede considerarse amar realmente a Dios. Si eres incapaz de esto, no darás testimonio entre tus familiares, entre los hermanos y hermanas ni ante las personas del mundo. Si no puedes dar testimonio ante Satanás, este se reirá de ti, se burlará de ti, te tratará como un juguete, te pondrá frecuentemente en ridículo, y te volverá loco. En el futuro, pueden sobrevenirte grandes pruebas; pero hoy, si amas a Dios con un corazón sincero e independientemente de cuán grandes sean las pruebas por delante, de lo que te acontezca, puedes mantenerte firme en tu testimonio, puedes satisfacer a Dios y después tu corazón será consolado y no tendrás miedo por muy grandes que sean las pruebas que te encuentres en el futuro. No podéis ver qué pasará en el futuro; solo podéis satisfacer a Dios durante las circunstancias presentes. Sois incapaces de hacer cualquier gran obra y deberíais centraros en satisfacer a Dios experimentando Sus palabras en la vida práctica y dando un testimonio sólido y rotundo que avergüence a Satanás. Aunque tu carne permanece insatisfecha y habrá sufrido, habrás satisfecho a Dios y avergonzado a Satanás. Si siempre practicas de esta forma, Dios abrirá una senda delante de ti. Cuando, un día, venga una gran prueba, otros caerán, pero seguirás siendo capaz de mantenerte firme: debido al precio que has pagado, Dios te protegerá de forma que puedas mantenerte firme y no caer. Si, por lo general, eres capaz de poner en práctica la verdad y satisfacer a Dios con un corazón que lo ama de verdad, Dios te protegerá sin duda durante las pruebas futuras. Aunque eres necio, de una estatura pequeña y un pobre calibre, Dios no te discriminará. Dependerá de que tus intenciones sean correctas. Hoy eres capaz de satisfacer a Dios y por ello estás atento al detalle más pequeño, satisfaces a Dios en todas las cosas, tienes un corazón que lo ama sinceramente, le entregas tu corazón sincero y, aunque existen algunas cosas que no puedes entender, puedes venir ante Él para rectificar tus intenciones y buscar Su voluntad; haces todo lo necesario para satisfacerle. Quizá los hermanos y hermanas te abandonarán, pero tu corazón será satisfactorio para Dios y no codiciarás los placeres de la carne. Si siempre practicas de esta forma, estarás protegido cuando vengan sobre ti las grandes pruebas.

¿A qué estado interno de las personas van dirigidas las pruebas? Apuntan al carácter rebelde del ser humano que es incapaz de satisfacer a Dios. Hay mucha impureza y mucha hipocresía dentro de las personas; por tanto, Dios las somete a pruebas con el fin de purificarlas. Pero si hoy eres capaz de satisfacer a Dios, las pruebas del futuro serán un perfeccionamiento para ti. Si hoy eres incapaz de satisfacer a Dios, las pruebas del futuro te tentarán y caerás inconscientemente; en ese momento serás incapaz de ayudarte, porque no puedes estar a la altura de la obra de Dios ni posees una estatura auténtica. Así pues, si deseas ser capaz de mantenerte firme en el futuro, satisfacer mejor a Dios y seguirle hasta el final, hoy debes edificar un fundamento sólido. Debes satisfacer a Dios poniendo en práctica la verdad en todas las cosas y debes ser consciente de Su voluntad. Si practicas siempre de esta forma, habrá un fundamento en ti, y Dios inspirará en ti un corazón que le ame y te dará fe. Un día, cuando una prueba te sobrevenga realmente, es posible que puedas sufrir algo de dolor y que te sientas agraviado hasta cierto punto y que sufras una pena devastadora, como si hubieras muerto; sin embargo, tu amor por Dios no cambiará y pasará a ser incluso más profundo. Esas son las bendiciones de Dios. Si hoy eres capaz de aceptar todo lo que Él dice y hace, con un corazón obediente, Él te bendecirá sin duda, y por tanto serás alguien bendecido por Dios, que recibe Su promesa. Si hoy no practicas, cuando un día te sobrevengan las pruebas, no tendrás fe ni un corazón amoroso y, en ese momento, la prueba se convertirá en tentación; te sumergirás en la tentación de Satanás y no tendrás forma de escapar. Hoy puedes ser capaz de mantenerte firme de frente a una pequeña prueba, pero no podrás hacerlo necesariamente cuando, algún día, estés frente a una prueba mayor. Algunas personas son engreídas y se creen ya casi perfectas. Si no profundizas más en esos momentos y permaneces complaciente, estarás en peligro. Hoy, Dios no hace la obra de las pruebas mayores; y se diría que todo parece ir bien, pero cuando Él te pruebe, descubrirás que eres demasiado deficiente, porque tu estatura es demasiado pequeña y eres incapaz de soportar grandes pruebas. Si sigues siendo como eres y te encuentras en un estado de inercia, entonces, cuando lleguen las pruebas, caerás. Deberíais considerar a menudo cuán pequeña es vuestra estatura; solo así progresaréis. Si solo ves que tu estatura es demasiado pequeña durante las pruebas, que tu fuerza de voluntad es muy débil, que hay muy poca realidad dentro de ti y que no eres adecuado para la voluntad de Dios; si solo eres consciente de estas cosas en ese momento, será demasiado tarde.

Si no conoces el carácter de Dios, caerás inevitablemente durante las pruebas, porque no sabes cómo perfecciona Él a las personas ni por qué medios lo hace; y cuando Sus pruebas te sobrevengan y no concuerden con tus nociones, serás incapaz de mantenerte firme. El amor verdadero de Dios es todo Su carácter, y cuando todo Su carácter se muestra a las personas, ¿qué le proporciona esto a tu carne? Cuando el carácter justo de Dios es mostrado a las personas, su carne sufrirá inevitablemente mucho dolor. Si no lo padeces, Dios no puede perfeccionarte ni serás capaz de dedicarle amor sincero. Si Dios te perfecciona, te mostrará sin duda todo Su carácter. Desde el momento de la creación hasta hoy, Él nunca ha mostrado todo Su carácter al hombre; sin embargo, durante los últimos días se lo revelará a este grupo de personas a las que ha predestinado y seleccionado. Perfeccionando a las personas deja al descubierto Su carácter, por medio de esto completa a un grupo de personas. Ese es el amor verdadero de Dios por las personas. Experimentar el verdadero amor de Dios requiere que los seres humanos soporten un dolor extremo y paguen un alto precio. Solo después de esto Dios las ganará y serán capaces de devolverle su amor sincero; solo entonces quedará satisfecho el corazón de Dios. Si las personas desean que Dios las perfeccione, desean hacer Su voluntad y darle todo su amor sincero, deben experimentar mucho sufrimiento y muchos tormentos a partir de sus circunstancias, deben sufrir un dolor peor que la muerte y, en última instancia, se verán obligados a devolverle a Dios su corazón sincero. Durante las dificultades y el refinamiento, se revela si alguien ama a Dios con sinceridad o no. Dios purifica el amor de las personas, y esto también se logra en medio de los sufrimientos y el refinamiento.

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Sólo los que conocen la obra de Dios hoy pueden servir a Dios

Para rendir testimonio de Dios y avergonzar al gran dragón rojo, tú debes tener un principio y una condición: en vuestro corazón debes amar a Dios, y debes entrar en las palabras de Dios. Si no te introduces dentro de las palabras de Dios, entonces no tendrás forma de avergonzar a Satanás. A lo largo de vuestro crecimiento en la vida, renuncias al gran dragón rojo y traes humillación sobre él, y sólo entonces será el gran dragón rojo verdaderamente avergonzado. Cuanto más estés dispuesto a poner las palabras de Dios en práctica, cuanto mayor sea la prueba de tu amor hacia Dios y tu aborrecimiento hacia el gran dragón rojo; cuanto más obedezcas a las palabras de Dios, mayor la prueba de que anhelas la verdad. Las personas que no anhelan las palabras de Dios son personas que no tienen vida. Son las personas que están fuera de las palabras de Dios, y que pertenecen a la religión. Las personas que realmente creen en Dios tienen un conocimiento más profundo de las palabras de Dios gracias a que comen y beben de las palabras de Dios. Si no anhelas las palabras de Dios, entonces no puedes en verdad comer y beber de las palabras de Dios, y si no obtienes conocimiento de las palabras de Dios, entonces no tienes forma de dar testimonio de Dios, o de satisfacer a Dios.

En vuestra creencia en Dios, ¿cómo debes conocer a Dios? Debes lograr el conocimiento de Dios con base en las palabras y la obra de Dios en la actualidad, sin desviación o error, y, ante todo, debes conocer la obra de Dios. Estas son las bases para conocer a Dios. Todas esas diversas falacias que carecen de una aceptación pura de las palabras de Dios son nociones religiosas, son una aceptación desviada y errónea. La mayor habilidad de las figuras religiosas es agarrar las palabras de Dios que fueron aceptadas en el pasado y verificarlas frente a las palabras de Dios de hoy. Si al servir al Dios de hoy te aferras a las cosas esclarecidas por el Espíritu Santo en el pasado, entonces tu servicio causará una interrupción, y tu práctica será anticuada y nada más que una ceremonia religiosa. Si crees que los que sirven a Dios deben ser extrovertidamente humildes y pacientes… y si pones este tipo de conocimiento en práctica en el día de hoy, entonces es del tipo de conocimiento que es noción religiosa, y este tipo de práctica se ha vuelto una actuación hipócrita. Las “nociones religiosas” se refieren a cosas que son anticuadas y obsoletas (incluyendo la aceptación de las palabras previamente habladas por Dios y la luz directamente revelada por el Espíritu Santo), y si las pones en práctica hoy en día, entonces son una interrupción de la obra de Dios, y no benefician al hombre de ninguna manera. Si el hombre es incapaz de purgar las cosas dentro de él que pertenecen a las nociones religiosas, entonces van a convertirse en un gran obstáculo para el servicio del hombre a Dios. Las personas con nociones religiosas no tienen manera de mantenerse al paso con los pasos de la obra del Espíritu Santo, permaneciendo un paso atrás, y luego dos, porque estas nociones religiosas hacen que el hombre se vuelva extremadamente santurrón y arrogante. Dios no siente nostalgia por lo que Él habló e hizo en el pasado; si es obsoleto, entonces Él lo elimina. ¿No es acaso cierto que puedes desapegarte de tus nociones? Si te aferras a las palabras que habló Dios en el pasado, ¿acaso eso prueba que conoces la obra de Dios? Si eres incapaz de aceptar la luz del Espíritu Santo hoy, y en cambio te aferras a la luz del pasado, ¿cómo podrá esto ser prueba de que sigues los pasos de Dios? ¿Continúas siendo incapaz de desapegarte de las nociones religiosas? Si ese es el caso, entonces te conviertes en alguien que se opone a Dios.

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Han llegado los desastres: ¿Cuál es la voluntad de Dios?

El “nuevo coronavirus”, unas palabras que infunden temor en el corazón de la gente, surgió por primera vez en Wuhan (China), desde donde se ha extendido por todo el planeta. A lo largo y ancho del mundo están muriendo personas de forma masiva y muchas otras se hallan en un constante estado de pánico, con la sensación de que los grandes desastres han caído sobre nosotros. Nadie sabe cuánto durará esta pandemia ni cuántas vidas se cobrará. Los que creen en Dios, no obstante, en el fondo saben que todo ocurre con el permiso de Dios, sin el cual no puede suceder absolutamente nada. Así pues, ¿cuál es la voluntad de Dios al permitir esta epidemia sobre nosotros?

Vuelve la mirada a la historia y busca la voluntad de Dios

El Antiguo Testamento relata que la gente de Sodoma era malvada, promiscua y corrupta, y que la ciudad rebosaba tal sed de sangre y muerte que la gente incluso quería matar a los ángeles. Ni siquiera se les ocurrió arrepentirse en ningún momento, por lo que Dios hizo llover fuego sobre ellos desde el cielo y los destruyó a todos. Los que conocen la Biblia, sin embargo, saben que, antes de que Dios hiciera caer la tragedia sobre la ciudad, Abraham intercedió ante Él por Sodoma. He aquí un fragmento de este relato bíblico: “Y Jehová dijo: ‘Si encuentro en Sodoma cincuenta justos en la ciudad, salvaré todo el lugar por el bien de ellos’. […] Y dijo: […] ‘Tal vez puedan haber diez ahí’. Y Él dijo: ‘No la destruiré’” (Génesis 18:26-32).* Estos versículos no solo revelan el carácter justo de Dios, sino que, más aún, nos dan una idea de Su gran misericordia y clemencia. Dios habría perdonado a Sodoma si hubiera hallado a cincuenta justos en ella y también la habría perdonado si hubiera hallado a solo diez justos. Pese a lo sumamente corrupta y malvada que era la gente, Dios, no obstante, esperaba su arrepentimiento. Es doloroso que no fuera posible hallar ni a diez justos en una ciudad tan grande, así que Dios, finalmente, no tuvo más remedio que destruirla.

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Señales antes del fin han aparecido, ¿cómo podemos ser raptados antes del desastre?

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Señales antes del fin han aparecido, ¿cómo podemos ser raptados antes del desastre?

Hola hermanos y hermanas de Preguntas y respuestas espirituales:

Ahora estamos en la última etapa de los últimos días, he visto en las noticias que todo tipo de desastres están aumentando en magnitud, y si puedo o no ser arrebatada y convertida en una vencedora antes de los desastres son temas clave para mí. Mi opinión sobre estos dos asuntos es que, mientras nos aferremos al nombre del Señor sin importar lo que suceda, trabajemos duro por el Señor y no retrocedamos mientras pasamos por todo tipo de adversidades, entonces podemos llegar a ser vencedores. Y cuando vengan los desastres, podremos ser arrebatados al cielo para encontrarnos con el Señor y disfrutar de Su promesa. Pero algunos han cuestionado mi opinión, diciendo que algunas personas han logrado esto y que, además, las catástrofes están aumentando en magnitud, que ya nos han ocurrido muchos tipos de catástrofes y, sin embargo, no se ha visto a nadie ser llevado al cielo. ¿Ser arrebatado realmente significa ser llevado al cielo? ¿Y es tan simple convertirse en un vencedor, que uno se convierte en un vencedor solo por lograr estas cosas? No entiendo nada de esto, así que me gustaría pedirles su opinión. ¡Espero su respuesta!

Sinceramente suya,
Xiao Xiao

Hola, hermana Xiao Xiao:

Que podamos buscar y conversar sobre asuntos que no entendemos completamente coincide con la voluntad de Dios. ¡Gracias al Señor!
Si podemos o no ser arrebatados y convertirnos en vencedores antes de los desastres se relaciona directamente con si podemos o no entrar en el reino celestial. Pero si queremos finalmente convertirnos en vencedores y ser arrebatados al cielo, primero debemos entender lo que significa exactamente ser arrebatados, y lo que significa ser convertidos en vencedores. Estas dos cuestiones se han separado a continuación para su discusión. ¡Que Dios nos guíe!

1.¿Qué significa “ser arrebatados antes de los desastres”?

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¿Cómo leer la Biblia para poder obtener la obra del Espíritu Santo? Aquí hay 3 formas.

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¿Cómo leer la Biblia para poder obtener la obra del Espíritu Santo? Aquí hay 3 formas.

Xiao Xiao (Francia)

La lectura de la Biblia es una obligación diaria para los cristianos, además de indispensable en la senda hacia la verdad y la madurez en la vida espiritual. El Señor Jesús dijo: “Escrito está: ‘No solo de pan vivira el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’” (Mateo 4:4). Es evidente que leer las palabras de Dios con frecuencia y valorarlas con el corazón es obligación de todo cristiano, pero ¿cómo debemos leer la Biblia para recibir la guía del Espíritu Santo y lograr resultados positivos? Esta es una cuestión de suma importancia para nosotros. Es probable que todos hayamos leído la Escritura de la siguiente manera. A veces somos capaces de recibir el esclarecimiento y la guía de Dios y de entender Su voluntad y Sus exigencias; nuestro espíritu se conmueve y tenemos fe y determinación para practicar las palabras de Dios en la vida diaria. Cada vez nos gusta más asistir a reuniones, orar y leer la Escritura y durante ese tiempo, además, maduramos en la vida espiritual. Sin embargo, algunas veces no disfrutamos la lectura de la Biblia y no percibimos el esclarecimiento ni la iluminación del Espíritu Santo. Sólo entendemos el significado literal de los pasajes bíblicos y nos falta sentido de la voluntad y las exigencias de Dios; no sabemos defender las palabras de Dios en la vida diaria y no maduramos espiritualmente. En ocasiones puede que hasta nos entre sueño leyendo la Biblia y cada vez tengamos menos ganas de hacerlo, de asistir a reuniones y de orar. Esto puede ser muy confuso. Si leemos la Biblia como siempre, ¿por qué se dan dos resultados totalmente distintos? ¿Cómo podemos leer la Biblia para obtener resultados positivos? A fin de recibir luz a partir de la lectura de la Biblia, comprendiendo estos tres principios podemos acercarnos más a Dios y recibir Su esclarecimiento y guía con facilidad.

1.Al leer la Biblia, es imprescindible sosegar el corazón ante Dios para recibir el esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo.

Aunque perseveremos en la lectura diaria de la Biblia a una hora fija, si no sosegamos el corazón ante Dios durante ese tiempo, simplemente leeremos la Biblia mientras pensamos en cómo ocuparnos de los asuntos familiares o laborales. Esa manera de leer la Escritura se limita a seguir una norma y llevar a cabo un ritual. En tal caso, es probable que lo hagamos mecánicamente y alcancemos una comprensión superficial; de ningún modo podremos recibir esclarecimiento del Espíritu Santo, no adquiriremos nueva luz y, naturalmente, ya no tendremos gozo espiritual. Especialmente en una época tan acelerada, las ocupaciones laborales y las complicadas relaciones interpersonales nos dejan exhaustos de cuerpo y mente, así que, cuando leamos la Escritura, debemos tener todavía más en cuenta el sosiego ante Dios y meditar con esmero Sus palabras. Esta es la única vía para recibir esclarecimiento y guía del Espíritu Santo.

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Nueva luz del Libro de Job: 3 manifestaciones principales del temor a Dios de Job

Por Zhou Ming

Cada vez que se mencionan las palabras “temer a Dios”, la mayoría de la gente pensará en la historia de Job en la Biblia. Job temía a Dios y rehuía el mal, testificó de Dios durante sus pruebas, se ganó la alabanza y las bendiciones de Dios, y vivió una vida digna y significativa que es muy admirada por nosotros hoy en día. Ahora, repasemos el Libro de Job y echemos un vistazo detallado a las formas en que Job manifestó su temor a Dios, y esto nos ayudará a obtener un nuevo entendimiento y entrada en la verdad de temer a Dios.

1.Job tenía un corazón temeroso de Dios y no hizo nada en su vida que disgustara a Dios

Dice en el Libro de Job 1:5: “Y sucedía que cuando los días del banquete habían pasado, Job enviaba a buscarlos y los santificaba, y levantándose temprano, ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque Job decía: Quizá mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en sus corazones. Así hacía Job siempre”.

Job poseía una gran riqueza y fue llamado el más grande de los hombres entre los que moraban en el este; era el equivalente de un millonario moderno. Para nosotros, parece como si Job viviera una vida de lujo para la cual sería apropiado para él celebrar fiestas de vez en cuando, y no habría sido considerado fuera de su alcance para él vivir un estilo de vida lujoso y extravagante. Y, sin embargo, Job no celebró fiestas y ni siquiera asistió a las fiestas celebradas por sus hijos. Tal vez algunas personas estarán un poco confundidas por esto, y se preguntarán si Job era demasiado anticuado y conservador. De hecho, Job hizo exigencias tan estrictas de sí mismo y siempre mantuvo su mejor comportamiento en la vida, y este comportamiento tenía un vínculo directo con su temor a Dios. Como seres humanos, no tenemos poder para vencer el pecado, y si asistimos a las fiestas, entonces nos volvemos poseídos por el deseo de comer, beber, jugar y divertirse, podemos llegar a ser codiciosos de placeres físicos, podemos ser propensos a rehuir a Dios, perder nuestra relación normal con Dios e incluso hacer cosas que disgustan a Dios. Job fue claro en su corazón en este punto, y por lo tanto prefirió vivir una vida común y sencilla en lugar de hacer cualquier cosa que pueda disgustar a Dios. Está claro que este tipo de comportamiento no era que Job fuera anticuado y conservador, sino que era él quien tomaba el camino de temer a Dios y apartarse del mal en el corazón. No prestó ninguna consideración a su carne y no prestó atención a disfrutar de una vida material de alta calidad. En cambio, los motivos detrás de todo lo que dijo e hizo fue satisfacer la voluntad de Dios y no hacer nada que pudiera disgustar a Dios.

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Reflexión cristiana: ¿Qué clase de inspiración nos trae el testimonio de Job?

Reflexión cristiana: ¿Qué clase de inspiración nos trae el testimonio de Job?

La Biblia registra que Satanás tentó a Job, le hizo que su ganado que cubría todas las montañas y sus bienes incalculables fueron saqueados por ladrones en un solo día, sus siete hijos murieron aplastados y su cuerpo se llenó de llagas. En extremo dolor, Job no negó a Dios, sino que alabó Su santo nombre, lo que hizo él dejó que Satanás no tuviera más tretas y se huyera con toda prisa, y desde entonces no se atrevió hacer más acusaciones a Job ante Dios. Después de ver el testimonio de Job, sabemos que cuando nos enfrentamos a las cosas que están en conflicto con nuestras nociones, tanto desastres naturales o causados por el hombre como enfermedades que lleguen sobre nosotros o nuestros familiares, son la tentación de Satanás para nosotros, y al mismo tiempo, son la prueba de Dios para examinar nuestra fe y obediencia a Él. Así que, tenemos que mantenernos firmes en nuestro testimonio de Él.

Dios dice: “En cada paso de la obra que Dios hace en las personas, externamente parece que se producen interacciones entre las personas, como nacidas de disposiciones humanas, o de la interferencia humana. Sin embargo, detrás de bambalinas, cada etapa de la obra, y todo lo que acontece, es una apuesta hecha por Satanás delante de Dios, y exige que las personas se mantengan firmes en su testimonio de Dios. Mira cuando Job fue probado, por ejemplo: detrás de la escena, Satanás estaba haciendo una apuesta con Dios, y lo que aconteció a Job fue obra de los hombres, y la interferencia de estos. Detrás de cada paso que Dios hace en vosotros está la apuesta de Satanás con Él, detrás de todo ello hay una batalla. […] Cuando Él y Satanás luchan en el ámbito espiritual, ¿cómo deberías satisfacer a Dios? ¿Y cómo deberías mantenerte firme en tu testimonio de Él? Deberías saber que todo lo que te ocurre es una gran prueba y el momento en que Dios necesita que des testimonio”.

De “La Palabra manifestada en carne

De la Palabra de Dios, podemos ver que los entornos con que nos encontramos todos los días, externamente parecen los hechos de las personas, pero detrás de ellos son las interferencias de Satanás, Satanás quiere que culpemos y nos alejemos de Dios.

Si lo sigamos, entonces perderemos nuestro testimonio; y si nos comportemos como Job, no negamos a Dios sin importar cuán dolorosos o incómodos nos sintamos, y aún podemos agradecer y alabar a Él, entonces Satanás se avergonzará y no se atreverá a molestarnos más. Mientras busquemos la voluntad de Dios y nos confiemos en Él en las pruebas, nos mantendremos firmes en nuestro testimonio de Él en cada prueba a medida que nuestra fe crecerá y nuestro amor por Él se volverá más y más puro.

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El significado de ganar la salvación de Dios

Muchos hermanos y hermanas en el Señor están familiarizados con la palabra “salvación”, y todos esperamos ganar la salvación de Dios cuando Él aparezca en los últimos días, porque la Biblia dice: “que sois protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo” (1 Pedro 1:5). Sin embargo, muchos hermanos y hermanas pueden no estar tan claros en lo que significa el significado de ganar la salvación de Dios. Por lo tanto, volvamos a mirar la obra de Dios en el pasado, para entender mejor este aspecto de la verdad.
Muchos hermanos y hermanas saben que antes de que los israelitas abandonaran Egipto, eran esclavos del Faraón egipcio, fueron abusados y sufrieron penurias, pero sus voces atormentadas alcanzaron los oídos de Jehová. Jehová no podía soportar que los israelitas fueran limitados y sufrieran bajo el poder del Faraón, así que Él llamó a Moisés para que guiara a los israelitas fuera de Egipto y hacia la tierra de Canaán. Los israelitas fueron rescatados por Dios de las garras del Faraón y salvados de la esclavitud. Para los israelitas, esto fue la salvación de Dios. Antes de que los israelitas entraran en Canaán, Jehová proclamó la ley a través de Moisés y enseñó al pueblo de Israel cómo tener temor a Él y servirlo, les enseñó que, actuando rectamente, ganarían Sus bendiciones, pero al hacer el mal, serían maldecidos por Él, les enseñaban cómo llevarse bien con los demás, cómo vivir, etc. Gradualmente, la obra de Dios en la Era de la ley llevó la vida de los israelitas hacia el camino correcto y dejaron de vivir en el caos. Nuevamente, la ley de Dios les dio la salvación a los israelitas enseñándoles lo que es el pecado.
Más tarde, en la Era de la ley, la humanidad no guardaba la ley y ya no tenía corazones temerosos de Dios, por lo que corrían el riesgo de ser condenados y ejecutados por la ley. Para salvar a la humanidad de la amenaza de muerte, Jesucristo vino a la tierra y encarnado en hombre para hacer la obra de la redención, salvando así a la humanidad de la ley. La humanidad ya no estaba en peligro de ser condenada y ejecutada por la ley, y vivió en la gracia de Dios. Aquellos que vivieron bajo la ley, por lo tanto, nuevamente recibieron la salvación de Dios. Tal y como dice la Biblia, “que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo;” (Romanos 10:9).

En los últimos días, muchos hermanos y hermanas esperan ansiosamente, preguntándose cuándo descenderá Jesucristo en las nubes para llevarlos a su hogar en el cielo. Sin embargo, ellos no entienden que aunque hemos sido redimidos de nuestros pecados al creer en Jesucristo y que Dios olvidará nuestros errores pasados, esto no significa que hayamos ganado la salvación, porque todavía vivimos en un ciclo en el que cometemos pecados de día y los confesamos por la noche y aún sufrimos la esclavitud del pecado. Por ejemplo, a menudo mentimos y engañamos para proteger nuestros propios intereses en nuestra vida diaria. También actuamos arbitrariamente, de acuerdo con nuestras propias ideas, mientras predicamos y trabajamos para el Señor. En nuestras interacciones con los demás, nos gusta, a menudo, lucirnos a nosotros mismo, mientras ignoramos y despreciamos a otros. Nuestros caracteres corruptos de ser arrogantes, egoístas, engañosos y malvados todavía existen, así que aún no podemos entra en el Reino de Dios. Todavía necesitamos aceptar la salvación de Dios en los últimos días para ser purificados completamente de manera que podamos ganar toda la salvación que Dios ha preparado para nosotros y entrar el Reino de Dios.
Esto satisface completamente la profecía de Jesucristo, “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando El, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir” (Juan 16:12-13). Y la Biblia dice, “que sois protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo” (1 Pedro 1:5). “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; […]” (1 Pedro 4:17). De esto, podemos ver que Dios hará la obra del juicio y purificación en los últimos días y que esta obra es para purificar y salvar a la humanidad. Así que hoy, en los últimos días debemos aceptar la obra de Dios de castigo y juicio, para librarse por completo de nuestros corruptos y satánicos caracteres, para ser verdaderamente purificados y para ganar la salvación de Dios.

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(Traducido del original en inglés al español por Xinia Arias Quirós)

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Son benditos los pobres en espíritu, ¿cómo debemos ser uno de ellos?

¿Está dispuesto, usted que está ansioso por recibir el regreso del Salvador, a convertirse en un pobre en espíritu para poder recibirlo antes posible? Se cree que sí. Pero, ¿cómo debemos ser dicha persona? Se menciona en la Biblia que después de que Natanael se enteró de la aparición y obra de Dios al principio, se aferró a sus nociones e imaginaciones, pensando: “¿Puede algo bueno salir de Nazaret?”. Pero cuando dejó a un lado sus conceptos y habló con el Señor Jesús, Él le dijo lo que había hecho debajo de la higuera, y entonces reconoció al Señor Jesús a partir de Sus palabras. Aunque Natanael tenía concepciones, pudo dejarlas de lado, buscar con humildad y escuchar las palabras del Señor Jesús, por lo cual acabó consiguiendo Su salvación. Aquellos que humildemente tratan a Dios y buscan Sus obras como Natanael quien aceptó y obedeció al Señor Jesús después de haber escuchado Sus palabras son pobres en espíritu.

Ahora ya estamos en el final de los últimos días, en el momento crítico para recibir al Señor, tenemos que ser pobres en espíritu. El Señor Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen” (Juan 10:27). En el libro del Apocalipsis se menciona en reiteradas ocasiones: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 2-3).

Dios dice: “‘El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias’. ¿Habéis oído ahora las palabras del Espíritu Santo? Las palabras de Dios han venido sobre vosotros. ¿Las oís? Dios realiza la obra de las palabras en los últimos días y tales palabras son las del Espíritu Santo, porque Dios es el Espíritu Santo y también puede hacerse carne; por tanto, las palabras del Espíritu Santo, tal como se hablaron en el pasado, son las palabras de Dios encarnado hoy”.

Hoy en día, muchas personas están testificando que el Señor ha regresado, ha expresado palabras y ha hecho una nueva obra. Si queremos ser pobres en espíritu que pueden ser arrebatados al reino de los cielos por Dios, hemos de ser como Natanael, es decir, cuando tenemos nociones sobre la nueva obra de Dios, en lugar de ceñirnos a ellas, debemos dejarlas a un lado, buscar e investigar dicha obra con humilde y escuchar Sus nuevas declaraciones. En cuanto reconocemos la voz de Dios, aceptamos y obedecemos a Él, podremos dar la bienvenida a Su regreso.

El Señor Jesús dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3). Al Señor le gustan los pobres de espíritu y los bendice, y de ellos es el reino de los cielos. Pero ¿qué tipo de personas son los pobres de espíritu? ¿Son los pobres de espíritu los que parecen por fuera ser humildes, gentiles y amorosos con los demás? Puede hacer clic en medios de contacto de abajo para discutir y comunicarse con nosotros.

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¿Sabes a qué se refiere lo que dijo el Señor Jesús “¡Consumado es!”?

Muchos hermanos y hermanas creen que lo que dijo el Señor Jesús “¡Consumado es!” en la cruz se refiere a la conclusión de la obra de Dios de salvar al hombre y que seremos arrebatados directamente al reino de los cielos cuando Él venga. No obstante, también hay hermanos y hermanas que no están de acuerdo con este punto de vista. Entonces, ¿cómo debemos entender estas palabras del Señor?

En primer lugar, tenemos que entender que si la obra de Dios de salvar al hombre hubiera terminado por completo, entonces el Señor Jesús no habría profetizado que vendría a hacer una nueva obra. Si examinamos cuidadosamente la Biblia, podemos ver que hay profecías de que el Señor hará la obra del juicio y la obra de separar el trigo de la cizaña, etc. Si la obra de Dios de salvar al hombre ha terminado completamente, estas profecías caerán en vano.

Dios dice: “Tal y como lo ve el hombre, la crucifixión de Dios ya ha concluido la obra de Su encarnación, redimió a toda la humanidad y esto le permitió tomar posesión de las llaves del Hades. Todos piensan que Su obra se ha cumplido por completo. De hecho, desde la perspectiva de Dios, sólo se había realizado una pequeña parte de Su obra. Lo único que había hecho era redimir a la humanidad; no la había conquistado, y menos aún había cambiado el rostro de Satanás en el hombre. Por esta razón, Dios afirma: ‘Aunque Mi encarnación pasó por el dolor de la muerte, esa no fue la meta total de Mi encarnación. Jesús es Mi amado Hijo y fue clavado en la cruz por Mí, pero no concluyó exhaustivamente Mi obra. Sólo llevó a cabo una porción de ella’”.
“Por todo lo que el hombre pueda haber sido redimido y perdonado de sus pecados, sólo puede considerarse que Dios no recuerda sus transgresiones y no lo trata de acuerdo con estas. Sin embargo, cuando el hombre, que vive en un cuerpo de carne, no ha sido liberado del pecado, sólo puede continuar pecando, revelando, interminablemente, su carácter satánico corrupto. Esta es la vida que el hombre lleva, un ciclo sin fin de pecado y perdón. La mayor parte de la humanidad peca durante el día y se confiesa por la noche. Así, aunque la ofrenda por el pecado siempre sea efectiva para el hombre, no podrá salvarlo del pecado. Sólo se ha completado la mitad de la obra de salvación, porque el hombre sigue teniendo un carácter corrupto”.

De estas palabras, podemos ver que se debe a la redención del Señor Jesús, ya no pertenecemos nuestros pecados, pero esto no significa que hayamos dejado de pecar, porque todavía tenemos una naturaleza pecaminosa, por lo que aún podemos pecar y resistirnos a Dios involuntariamente. La Biblia dice: “[…] Sed santos, porque Yo soy santo” (1 Pedro 1:16). Es evidente que aún no estamos calificados para entrar en el reino de Dios. Por lo tanto, lo que dijo el Señor Jesús “¡Consumado es!” no se alude a la terminación de la obra de Dios para salvar al hombre, sino a la finalización de Su obra de redención en la Era de la Gracia. Debido a que nuestra naturaleza pecaminosa no se ha purificado, no se puede decir que la obra de Dios de salvar al hombre ha terminado totalmente.

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