Li Zhong, su esposa y sus dos hijos son cristianos. Cuando se entera de que su esposa ha aceptado la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días, hace todo lo posible por oponerse a su fe en Dios Todopoderoso. Además, se niega a estudiar la obra del juicio de Dios de los últimos días porque, debido a sus nociones y fantasías, cree que si se aferra al nombre del Señor Jesús, Él lo llevará al reino de los cielos cuando venga. Utiliza pequeños incentivos para que sus hijos se unan a su cruzada para impedir que su esposa asista a reuniones. Posteriormente, un día, en una inesperada oportunidad, echa un vistazo a escondidas a las palabras de Dios Todopoderoso, “La Palabra manifestada en carne”, que lo sacude en lo más profundo. Al final, ¿le sale bien a Li Zhong su plan de interponerse en el camino de su esposa? ¿Qué tipo de transformación experimenta? Lo descubrirás en “Tras las huellas del Cordero”.
Ninguno de los seres creados y no creados puede reemplazar la identidad del Creador
Desde que comenzó la creación de todas las cosas, el poder de Dios empezó a expresarse y a revelarse, porque Él usó las palabras para crearlas. Independientemente de cómo y por qué las creó, todas las cosas nacieron, permanecieron y existieron gracias a Sus palabras, y esta es la autoridad única del Creador. En el tiempo anterior a la aparición de la humanidad en el mundo, Él utilizó Su poder y autoridad para crear todas las cosas para ella, y empleó Sus métodos únicos para prepararle un entorno de vida adecuado. Todo lo que hizo fue en preparación para la humanidad, que pronto recibiría Su aliento. Es decir, en el tiempo anterior a la creación del hombre, la autoridad de Dios se mostró en todas las criaturas diferentes de la humanidad, en cosas tan grandes como los cielos, las luminarias, los mares y la tierra, y en aquellas tan pequeñas como los animales y las aves, todas las clases de insectos y microorganismos, incluidas diversas bacterias invisibles a simple vista. Cada uno recibió vida, proliferó, y vivió por las palabras del Creador y bajo Su soberanía. Aunque no recibieron Su aliento, seguían mostrando la vida y la vitalidad que Él les concedió a través de sus diferentes formas y estructuras; aunque Él no les otorgó la capacidad de hablar que le dio a la humanidad, cada uno recibió de Él una forma de expresar su vida que difería del lenguaje del hombre. La autoridad del Creador no sólo proporciona la vitalidad de la vida a objetos materiales aparentemente estáticos, para que nunca desaparezcan, sino que, además, le da a todo ser viviente el instinto de reproducirse y multiplicarse para que nunca se extinga y que, generación tras generación, transmita las leyes y los principios de supervivencia que el Creador les ha otorgado. La forma en que el Creador ejerce Su autoridad no se adhiere con rigidez a un macropunto o micropunto de vista ni se limita a forma alguna; Él es capaz de ordenar las operaciones del universo, y tener soberanía sobre la vida y la muerte de todas las cosas; además, es capaz de manejar todas las cosas para que le sirvan; puede gestionar todo el funcionamiento de las montañas, los ríos, y los lagos, y gobernarlo todo dentro de ellos. Y, lo que es más, es capaz de proveer lo necesario para todas las cosas. Esta es la manifestación de la autoridad única del Creador entre todas las cosas aparte de la humanidad. Semejante manifestación no es para una vida solamente; nunca cesará ni descansará; nadie ni nada puede alterarla ni dañarla, añadirle ni deducirle, porque nadie puede reemplazar la identidad del Creador. Por tanto, ningún ser creado puede reemplazar Su autoridad, que es inalcanzable para todo ser no creado. Tomemos, por ejemplo, a los mensajeros y los ángeles de Dios. No poseen Su poder, y mucho menos la autoridad del Creador, y la razón es que no tienen Su esencia. Aunque los seres no creados, como los mensajeros y los ángeles de Dios, pueden hacer algunas cosas en Su nombre, no pueden representarle. Aunque poseen algún poder que el hombre no tiene, no ostentan la autoridad de Dios, no cuentan con Su autoridad para crear todas las cosas, mandar y ser soberanos sobre ellas. Por tanto, la unicidad de Dios no puede ser reemplazada por ningún ser no creado, y, de forma parecida, Su autoridad y Su poder no pueden ser sustituidos por ningún ser no creado. ¿Has leído en la Biblia sobre algún mensajero de Dios que creara todas las cosas? ¿Y por qué no envió Dios a cualquiera de Sus mensajeros o ángeles a crearlas? Porque ellos no poseían Su autoridad y, por lo tanto, no tenían la capacidad de ejercerla. Como todas las criaturas, ellos están bajo la soberanía y la autoridad del Creador; por tanto, y del mismo modo, el Creador es también su Dios y su Soberano. Entre todos y cada uno de ellos —nobles o modestos, de mayor o menor poder— no hay uno que pueda superar la autoridad del Creador. Por consiguiente, entre ellos no hay ni uno que pueda reemplazar Su identidad. Nunca se les llamará Dios ni serán capaces de ser el Creador. ¡Estas son verdades y realidades inmutables!
La protagonista siguió la fe cristiana de sus padres desde pequeña y, tras casarse, ella y su esposo trabajaron juntos en la iglesia. En los últimos años ha descubierto que siempre se está confesando ante el Señor en oración, pero no es capaz de dejar de pecar ni de atenerse a las palabras del Señor. Tampoco tiene tolerancia ni paciencia con su marido. Reflexiona acerca de esto a raíz de las palabras de Dios “Sed santos, porque yo soy santo” (Levítico 11:44). Dios es santo y los profanos no pueden contemplar al Señor, por lo que se pregunta: ¿Es posible que alguien como ella, que vive en pecado, entre en el reino de los cielos? Esto le resulta doloroso y ora constantemente al Señor. ¿Cómo se libera finalmente de este desconcierto y cómo encuentra la senda de purificación y entrada al reino de los cielos? Escuchemos juntos su historia.
Ahora ya hemos sabido que lo más importante para recibir al Señor es enfocarse en escuchar la voz de Dios. Por lo tanto, también podemos determinar si Dios Todopoderoso es el regreso del Señor Jesús o no mediante las palabras pronunciadas por Él. Echemos un vistazo a un párrafo de la Palabra de Dios.
Al recibir al Señor, no se debe confiar en propios ojos
A través de los intercambios de ayer, conocimos que la única forma de dar la bienvenida al Señor es escuchar la voz de Dios. Entonces ¿cuál será el resultado de recibir al Señor mediante propios ojos? Recordando que cuando el Señor Jesús vino a obrar, debido a que los fariseos solo vieron que Su apariencia externa era normal y corriente y no dieron importancia a lo que Él dijo, por lo que no podían reconocer que Sus palabras eran la verdad, la voz de Dios, al contrario, le acusaron de haber dicho blasfemias. Como resultado, no recibieron al Señor y convirtiéndose en personas que condenaron y se resistieron a Dios, al final fueron castigados y abandonados por Él.
Bajo la autoridad del Creador, todas las cosas son perfectas
Todas las cosas creadas por Dios, las que podían moverse y las que no, las aves y los peces, los árboles y las flores, el ganado, los insectos y los animales salvajes creados el sexto día, todas estaban bien para Dios; además, a Sus ojos y según Su plan, todas estas cosas habían alcanzado el apogeo de la perfección y los estándares que Él deseaba lograr. Paso a paso, el Creador hizo la obra que pretendía hacer de acuerdo con Su plan. Una tras otra aparecieron las cosas que Él pretendía crear, y la aparición de cada una de ellas fue un reflejo de la autoridad del Creador, y la cristalización de Su autoridad. Debido a estas materializaciones, ninguna de las criaturas podía evitar estar agradecida por la gracia y la provisión del Creador. Cuando los hechos milagrosos de Dios se manifestaron, este mundo creció poco a poco, con todas las cosas que Él creó, y pasó del caos y de las tinieblas a la claridad y la luminosidad, de la quietud sepulcral a la vivacidad y la vitalidad sin límites. Entre todas las cosas de la creación, desde las grandes a las pequeñas, y desde estas a las microscópicas, no había ni siquiera una que no hubiese sido creada por la autoridad y el poder del Creador, y existía una necesidad y un valor únicos e inherentes a la existencia de cada criatura. Independientemente de las diferencias de forma y estructura, sólo tenía que hacerlas el Creador para que existieran bajo Su autoridad. En ocasiones, las personas verán un insecto, uno muy feo, y dirán: “Ese insecto es tan horrible; es imposible que Dios haya podido hacer algo tan feo; no puede haber creado algo tan desagradable”. ¡Qué punto de vista más necio! Lo que deberían decir es: “Aunque este insecto sea tan feo, lo hizo Dios y, por tanto, debe tener su propósito propio y único”. En Sus pensamientos, Dios pretendió dar a las diversas cosas vivientes que creó todas y cada una de las apariencias, todos los tipos de funciones y usos; por tanto, ninguna de ellas fue cortada por el mismo patrón. Desde su composición externa a la interna, desde sus hábitos de vida a la ubicación que ocupan, cada una es diferente. Las vacas tienen aspecto de vacas, los burros la apariencia de los burros, los ciervos el de los ciervos y los elefantes el de los elefantes. ¿Puedes decir cuál es el más bonito, y cuál el más feo? ¿Puedes decir cuál es el más útil, y la existencia de cuál es la menos necesaria? A algunas personas les gusta la apariencia de los elefantes, pero nadie los utiliza para plantar campos; a algunas personas les gusta el aspecto de los leones y los tigres, porque su apariencia es la más impresionante de todas, ¿pero puedes tenerlos como mascotas? En resumen, cuando se trata de todas las cosas, el hombre debería deferir a la autoridad del Creador, es decir, adherirse al orden escogido por Él Creador para todas las cosas; es la actitud más sabia. Sólo una disposición de búsqueda de los propósitos originales del Creador, y la obediencia a ellos es la verdadera aceptación y la certeza de Su autoridad. Si para Dios está bien ¿qué razón tiene el hombre para encontrar fallos?
(Génesis 2:15-17) Y Jehová Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín del Edén para vestirlo y protegerlo. Y Jehová Dios le ordenó y le dijo: De cada árbol del jardín puedes comer libremente, pero no debes comer del árbol del conocimiento del bien y el mal porque el día que comas de él, definitivamente morirás.
¿Cómo debemos recibir al Señor en los últimos días? Algunas personas piensan que hay que ver personalmente al Señor descender sobre una nube. Pero ¿pueden realmente recibir al Señor de esta manera? La Escritura dice: “Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo” (Romanos 10:17). Recordando cuando aceptamos al Señor, ¿fue porque vimos en persona al Señor Jesús que había venido hace dos mil años? Obviamente no, todos creemos en el Señor y lo seguimos porque reconocemos que Él es el Salvador de la humanidad tras escuchar Su evangelio y leer Sus palabras en la Biblia. Y también tanto Natanael como la mujer samaritana lo reconocieron a través de Sus palabras. Entonces, ¿cómo hemos de hacer en los últimos días para dar la bienvenida al Señor?