Por Zhang Can, provincia de Liaoning
En mi familia, todo el mundo se ha llevado siempre muy bien. Mi esposo es un hombre muy considerado y cariñoso, y mi hijo es muy sensato y siempre es respetuoso con sus mayores. Es más, hemos sido bastante adinerados. En teoría, yo debería haber sido muy feliz, pero la realidad no fue así. Sin importar lo bien que me trataran mi esposo y mi hijo, e independientemente de lo adinerados que fuéramos, nada de eso podía hacerme feliz. Nunca podía dormir por la noche porque desarrollé artritis y también sufría de un grave insomnio, lo que condujo a un menorriego sanguíneo al cerebro y a una debilitación generalizada de mis extremidades. El tormento de estas enfermedades combinado con la presión constante de regentar un negocio hacía que viviera en un sufrimiento indescriptible. Intenté superarlo de muchas maneras distintas, pero parecía que nada funcionaba.
En marzo de 1999, un amigo compartió conmigo el evangelio de Dios Todopoderoso de los últimos días. A través de la lectura diaria de la palabra de Dios, las constantes asistencias a reuniones y la comunicación con mis hermanos y hermanas, llegué a comprender algunas verdades, me enteré de muchos misterios hasta el momento desconocidos para mí y me reafirmé en mi creencia de que Dios Todopoderoso es el Señor Jesús retornado. Yo estaba extremadamente emocionada por todo esto y devoraba ávidamente la palabra de Dios todos los días. También me involucré en la vida de la iglesia, participando a menudo en las reuniones, orando, cantando himnos y bailando en alabanza a Dios con mis hermanos y hermanas. Tenía una sensación de paz y de felicidad en mi corazón, y mi moral y mis perspectivas mejoraban con cada día que pasaba. Despacio pero de forma segura, también empecé a recuperarme de mis diversos males. A menudo, daba gracias y alababa a Dios por estas evoluciones positivas en mi vida y deseaba difundir el evangelio de Dios Todopoderoso a incluso más personas para que todas pudieran alcanzar la salvación de Dios. No mucho tiempo después, la iglesia me puso a cargo de su obra de difusión del evangelio. Me entregué por completo a esta obra con un fervor ardiente, pero sucedió algo que nunca había imaginado…
En la tarde del día 15 de diciembre de 2012, justo cuando había terminado mi reunión con cuatro hermanas y estaba a punto de irme, escuchamos un fuerte crujido cuando abrieron la puerta de una patada e irrumpieron en la sala siete u ocho policías vestidos de paisano, que nos gritaban: “¡Que nadie se mueva! ¡Manos arriba!”. Sin mostrar ninguna documentación, los policías empezaron a cachearnos por la fuerza y confiscaron mi tarjeta de identificación y un recibo de una transacción de 70.000 yuanes de los fondos de la iglesia. Se pusieron muy contentos en cuanto vieron el recibo y empezaron a empujarnos y a arrastrarnos hasta un vehículo policial y nos llevaron a la comisaría. Una vez allí, nos confiscaron nuestros teléfonos móviles, reproductores MP5 y 200 yuanes en efectivo que llevábamos en las mochilas. En ese momento, los policías sospecharon que una de las hermanas y yo éramos líderes de la iglesia, así que esa noche nos trasladaron a las dos a la Unidad de Investigaciones Criminales de la Oficina de Seguridad Pública Municipal.
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