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Testimonio de fe – Guiada por las palabras de Dios, vencí la represión de las fuerzas de la oscuridad
Por Wang Li, provincia de Zhejiang
Desde que era niña, junto con mi madre, creía en el Señor Jesús; durante los días en los que lo seguí, a menudo me sentí conmovida por Su amor. Sentía que nos amaba tanto que fue crucificado y entregó hasta Su última gota de sangre para redimirnos. En aquel momento, los hermanos y hermanas de nuestra iglesia se amaban y apoyaban unos a otros, pero, desafortunadamente, nuestra fe en el Señor se topó con la persecución y la represión a manos del Gobierno del PCCh. El gobierno del PCCh define al cristianismo y al catolicismo como “xie jiao” y clasifica las reuniones que llevan a cabo las iglesias domésticas como “reuniones ilegales”. La policía solía irrumpir frecuentemente en nuestros lugares de reunión y nos decía que teníamos que obtener primero la aprobación del Gobierno y conseguir un permiso antes de poder llevar a cabo reuniones; de lo contrario, nos arrestarían y multarían o nos enviarían a prisión. En una ocasión, mi madre y cinco o seis hermanos y hermanas fueron arrestados e interrogados durante todo un día. Al final, la investigación de la policía confirmó que todos ellos eran simples cristianos comunes y corrientes y fueron liberados. Sin embargo, a partir de ese momento tuvimos que reunirnos en secreto para evitar las redadas del Gobierno; a pesar de todo esto, nuestra fe nunca flaqueó. A finales de 1998, uno de mis familiares me predicó que el Señor Jesús había regresado como Dios Todopoderoso que había encarnado en los últimos días. Este pariente también me leyó muchas palabras de Dios Todopoderoso, que me resultaron completamente emocionantes. Tuve la seguridad de que las palabras de Dios Todopoderoso son las declaraciones que el Espíritu Santo hizo a las iglesias y que Dios Todopoderoso es el Señor Jesús que ha regresado. Pensar que realmente podría reunirme con el Señor durante mi vida me conmovió más allá de las palabras y derramé lágrimas de alegría. Desde ese momento, todos los días devoraba ávidamente las palabras de Dios y, a partir de ellas, pude comprender muchas verdades y misterios: mi espíritu sediento obtuvo riego y sustento. Bañados en el deleite y el consuelo que nos trajo la gran obra del Espíritu Santo, mi esposo y yo nos zambullimos en la felicidad y la alegría de estar reunidos con el Señor. A menudo aprendíamos a cantar himnos y a bailar en alabanza a Dios con otros hermanos y hermanas y nos reuníamos frecuentemente para hablar sobre las palabras de Dios. Sentía que mi espíritu estaba renovado y vigorizado y como si pudiera ver ante mis ojos la hermosa escena donde el reino se manifiesta en la tierra y todos se regocijan. Sin embargo, no había forma de haber podido anticipar que justo mientras estábamos siguiendo a Dios y caminábamos por la senda correcta de vida con fe creciente, el Gobierno del PCCh comenzaría a perseguirnos cruelmente.
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