Qué es la realidad-verdad y qué es el conocimiento y la doctrina de la Biblia

Las palabras relevantes de Dios:

Retener las palabras de Dios y poder explicarlas sin temor no significa que poseas la realidad; las cosas no son tan simples como te las imaginas. Tener la realidad no se basa en lo que dices, sino en lo que vives. Solo cuando las palabras de Dios se convierten en tu vida y en tu expresión natural, se puede decir que tienes la realidad, y solo entonces puede contarse como haber recibido el verdadero conocimiento y la estatura real. Debes ser capaz también de soportar la prueba por largos períodos de tiempo y de vivir la semejanza que Dios requiere. No debe ser solo una pose, sino que debe fluir naturalmente de ti; solo entonces tendrás realmente realidad y solo entonces habrás ganado vida. Permíteme usar el ejemplo de la prueba de los hacedores de servicios con la que todo el mundo está familiarizado; cualquiera puede sugerir las teorías más elevadas con respecto a los hacedores de servicios y todos tienen un nivel decente de entendimiento con respecto a este asunto; hablan sobre ello y cada discurso supera al anterior, como si se tratara de una competición. Sin embargo, si una persona no ha experimentado una prueba importante, entonces es muy difícil que tenga un buen testimonio que ofrecer. En resumen, el vivir del hombre es todavía muy pobre, completamente contrario a su entendimiento. Por lo tanto, todavía tiene que convertirse en la estatura real del hombre, no es todavía la vida del hombre. Debido a que el entendimiento del hombre no ha sido introducido en la realidad, su estatura es como un castillo de arena, balanceándose y al borde del colapso. Las personas tienen muy poca realidad; es casi imposible encontrar algo de realidad en ellas. Hay muy poca realidad que fluye naturalmente del hombre y toda la realidad en su vivir ha sido forzada. Esta es la razón por la que digo que las personas no poseen ninguna realidad. Aunque las personas afirmen que su amor por Dios no cambia nunca, esto es solo lo que dicen antes de haberse enfrentado a ninguna prueba pruebas. Cuando se enfrentan repentinamente a alguna prueba un día, las cosas de las que hablan de nuevo volverán a ser incompatibles con la realidad y esto demostrará una vez más que las personas no poseen realidad. Se puede decir que cuando te encuentras con cosas que no encajan con tus concepciones y que te exigen hacerte a un lado, esas cosas son tus pruebas. Antes de que la voluntad de Dios se revele, todo el mundo se somete a una evaluación rigurosa y una inmensa prueba. ¿Puedes comprender este asunto? Cuando Dios quiere probar a las personas, siempre deja que ellas tomen sus decisiones antes de que la verdad real sea revelada. Esto quiere decir que, cuando Dios somete al hombre a pruebas, Él nunca te dirá la verdad; esta es la manera en la que las personas quedan expuestas. Esta es una manera en la que Dios lleva a cabo Su obra, para ver si conoces al Dios de hoy, así como para ver si posees algo de realidad. ¿Realmente estás libre de dudas respecto a la obra de Dios? ¿Podrás mantenerte firme de verdad cuando te enfrentes a una prueba importante? ¿Quién se atreve a decir: “Yo garantizo que no habrá problemas”? ¿Quién se atreve a afirmar: “Otros podrán tener dudas, pero yo nunca dudaré”? Esto es lo mismo que cuando Pedro fue sometido a pruebas: siempre alardeaba antes de que las verdades se hubiesen revelado. Este no es un defecto personal único de Pedro, es la mayor dificultad a la que se enfrenta cada persona ahora. Si Yo tuviera que visitar varios lugares, o si tuviera que visitar a unos cuantos hermanos y hermanas, para ver cuál es vuestro entendimiento de la obra de Dios de hoy, ciertamente seríais capaces de hablar mucho de vuestro conocimiento y parecería que no tenéis ninguna duda en absoluto. Si Yo te preguntara: “¿Puedes realmente determinar que la obra de hoy la realiza Dios mismo? ¿Sin duda alguna?”, con certeza responderías: “Sin duda alguna, esta es la obra realizada por el Espíritu de Dios”. Una vez que hubieses respondido de tal manera, seguramente no tendrías un ápice de duda e incluso podrías sentirte bastante complacido, pensando que habrías ganado un poco de realidad. Aquellos que tienden a entender las cosas de esta manera son personas que poseen menos realidad; cuanto más uno piensa que ha ganado realidad, más será incapaz de soportar las pruebas con firmeza. ¡Ay de aquellos que son arrogantes y altivos, ay de los que no tienen conocimiento de sí mismos! Esas personas son expertas en hablar, sin embargo, son las peores en transformar sus palabras en acciones. Al menor signo de problemas, estas personas comenzarán a tener dudas, la idea de abandonar todo entrará en sus mentes furtivamente. No poseen ninguna realidad, solo tienen teorías que están por encima de la religión, sin ninguna de las realidades que Dios exige hoy. Estoy más disgustado con aquellos que solo hablan de teorías sin poseer ninguna realidad. Ellos gritan más alto que nadie cuando llevan a cabo su obra, pero se derrumban tan pronto como se enfrentan a la realidad. ¿No muestra esto que estas personas no tienen realidad? Sin importar cuán feroces sean el viento y las olas, si puedes permanecer firme sin permitir que ni un ápice de duda entre en tu mente y si puedes permanecer firme y estar libre de negación, incluso cuando no quede nadie más, entonces se te contará como que tienes un verdadero entendimiento y que posees la realidad verdaderamente.

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Conocer a Dios es la senda para temer a Dios y apartarse del mal

Cada uno de vosotros deberíais examinar nuevamente cómo habéis creído en Dios durante vuestra vida para que podáis ver si, en el proceso de seguirlo, habéis verdaderamente entendido, verdaderamente comprendido y verdaderamente llegado a conocer a Dios; si sabéis realmente qué actitud les tolera Dios a los diversos tipos de seres humanos y si entendéis verdaderamente la obra que Dios está llevando a cabo en vosotros y cómo define Él cada uno de vuestros actos. A este Dios, que está a tu lado, guiando el rumbo de tu progreso, ordenando tu destino y cubriendo tus necesidades, ¿cuánto lo comprendes, a fin de cuentas? ¿Cuánto sabes realmente acerca de Él? ¿Conoces la obra que Él lleva a cabo en ti cada día? ¿Conoces los principios y propósitos en los que Él basa cada uno de Sus actos? ¿Sabes cómo te guía Él? ¿Conoces los medios por los cuales te provee? ¿Conoces los métodos con los cuales te dirige? ¿Sabes lo que Él desea obtener de ti y lo que desea lograr en ti? ¿Conoces la actitud que Él adopta ante las diversas formas en las que te comportas? ¿Sabes si eres una persona amada por Él? ¿Conoces el origen de Su gozo, ira, tristeza y deleite, los pensamientos y las ideas detrás de ellos, y Su esencia? ¿Sabes, finalmente, qué clase de Dios es este Dios en el que crees? ¿Son estas y otras preguntas por el estilo algo que nunca has comprendido o en lo que nunca has pensado? En tu búsqueda de la fe en Dios, ¿has disipado tus errores de comprensión acerca de Él a través de apreciar verdaderamente la palabra de Dios y experimentarla? ¿Has obtenido obediencia y preocupación genuinas después de recibir la disciplina y el castigo de Dios? ¿Has llegado a conocer la rebeldía y la naturaleza satánica del hombre y has obtenido un mínimo de entendimiento acerca de la santidad de Dios en medio de Su castigo y de Su juicio? ¿Has comenzado a tener una nueva perspectiva de la vida bajo la dirección y el esclarecimiento de las palabras de Dios? ¿Has sentido, en medio de las pruebas enviadas por Dios, Su intolerancia hacia las ofensas del hombre así como lo que Él exige de ti y la forma como te está salvando? Si no sabes lo que es malinterpretar a Dios o cómo disipar este malentendido, entonces se puede decir que nunca has entrado en la verdadera comunión con Dios y que nunca le has comprendido, o, al menos, que nunca has deseado comprenderle. Si no sabes qué son la disciplina y el castigo de Dios, seguramente no sabes qué son la obediencia y la preocupación, o, al menos, nunca has obedecido a Dios ni te has preocupado por Él verdaderamente. Si nunca has experimentado el castigo y el juicio de Dios, seguramente no sabrás lo que es Su santidad, y tu idea respecto a lo que es la rebeldía del hombre será aún menos clara. Si nunca has tenido verdaderamente una perspectiva correcta de la vida ni un objetivo correcto en la vida, y permaneces en un estado de confusión e indecisión sobre tu senda futura en la vida, al punto de titubear en cuanto a seguir adelante, es indudable que nunca has recibido el esclarecimiento y la guía de Dios; se puede decir también que las palabras de Dios nunca te han provisto ni alimentado verdaderamente. Si no has pasado aún por las pruebas de Dios, sobra decir que, desde luego, no sabrás lo que es la intolerancia de Dios hacia las ofensas del hombre ni entenderás lo que Dios en última instancia te exige y, menos aún, en qué consiste, a fin de cuentas, Su obra de gestionar y salvar al hombre. No importa cuántos años haya creído una persona en Dios, si nunca ha experimentado o percibido nada en Sus palabras, no cabe duda de que no está caminando por la senda que lleva a la salvación; con toda seguridad, su fe en Dios no tiene un contenido real, su conocimiento de Dios es nulo, y sobra decir que no tiene idea en absoluto de lo que es venerar a Dios.

Las posesiones y el ser de Dios, Su esencia, Su carácter, todo ello ha sido dado a conocer en Sus palabras a la humanidad. Cuando el hombre experimente las palabras de Dios, en el proceso de ponerlas en práctica llegará a comprender el propósito subyacente a las palabras que Dios habla, a comprender la fuente y el trasfondo de Sus palabras, y a entender y apreciar el efecto deseado de dichas palabras. Para la humanidad, todas estas son cosas que el hombre debe experimentar, captar y lograr a fin de obtener la verdad y la vida, captar las intenciones de Dios, ser transformado en su carácter y ser capaz de obedecer la soberanía y las disposiciones de Dios. Cuando el hombre experimente, capte y logre estas cosas, obtendrá gradualmente un entendimiento de Dios y, en ese momento, también alcanzará diferentes grados de conocimiento sobre Él. Este entendimiento y este conocimiento no surgen de algo que el hombre haya imaginado o compuesto, sino, más bien, de lo que valora, experimenta, siente y confirma dentro de sí mismo. Solo después de valorar, experimentar, sentir y confirmar estas cosas adquiere contenido el conocimiento que el hombre tiene de Dios; solo el conocimiento que el hombre obtiene en este momento es exacto, práctico y preciso, y este proceso —de alcanzar un entendimiento y un conocimiento genuinos de Dios mediante la valoración, la experimentación, la sensación y la confirmación de Sus palabras— no es otro que la comunión verdadera entre el hombre y Dios. En medio de esta clase de comunión, el hombre llega a entender y comprender verdaderamente las intenciones de Dios, llega verdaderamente a comprender y conocer las posesiones y el ser de Dios, llega a comprender y conocer verdaderamente la esencia de Dios, llega a comprender y conocer gradualmente el carácter de Dios, llega a una certeza real y a una definición correcta de la realidad del dominio de Dios sobre toda la creación, y obtiene una orientación y un conocimiento esenciales de la identidad y la posición de Dios. En medio de este tipo de comunión, el hombre cambia paso a paso sus ideas sobre Dios; ya no imagina que sale de la nada ni da rienda suelta a sus propias sospechas sobre Él, ni lo malinterpreta, lo condena, lo juzga o duda de Él. Por tanto, el hombre tendrá menos disputas con Dios, menos conflictos con Él, y habrá menos ocasiones en las que se rebelará contra Él. Por el contrario, la preocupación del hombre por Dios y su obediencia a Él se incrementarán, y su reverencia por Dios se volverá más real y más profunda. En medio de esta comunión, el hombre no solo obtendrá la provisión de la verdad y el bautismo de vida, sino que obtendrá, al mismo tiempo, el verdadero conocimiento de Dios. En medio de esta comunión, el hombre no solo será transformado en su carácter y recibirá la salvación, sino que al mismo tiempo conseguirá la reverencia y la adoración verdaderas de un ser creado hacia Dios. Habiendo tenido esta clase de comunión, la fe del hombre en Dios ya no será una hoja de papel en blanco o una promesa ofrecida de labios para afuera o una forma de búsqueda e idolatría ciegas; solo con este tipo de comunión crecerá la vida del hombre, día tras día, hacia la madurez, y solo en ese momento se transformará gradualmente su carácter, y su fe en Dios, paso a paso, dejará de ser una creencia vaga e incierta y se convertirá en una obediencia y una preocupación genuinas, en una veneración real, y, en el proceso de seguir a Dios, el hombre avanzará gradualmente de una actitud pasiva a una activa, de lo negativo a lo positivo; solo con este tipo de comunión el hombre llegará a un entendimiento y una comprensión verdaderos de Dios, al conocimiento verdadero de Dios. Debido a que la gran mayoría de las personas nunca han entrado en la verdadera comunión con Dios, el conocimiento que tienen de Él se detiene en el nivel de la teoría, de las letras y de las doctrinas. Es decir, independientemente de cuántos años hayan creído en Dios, en lo que respecta al conocimiento que tienen de Él, la gran mayoría de las personas están en el mismo lugar que cuando empezaron, atorados en la etapa básica de las formas tradicionales de culto, con sus supersticiones feudales y sus matices románticos asociados. Que ese conocimiento de Dios por parte del hombre se encuentre estancado en su punto de partida significa que prácticamente no existe. Aparte de la afirmación de la posición y de la identidad de Dios por parte del hombre, la fe de este en Él permanece en un estado de incertidumbre confusa. Siendo esto así, ¿cuánta reverencia verdadera puede albergar el hombre hacia Dios?

No importa lo firmemente que creas en la existencia de Dios, esto no puede sustituir tu conocimiento de Dios ni tu reverencia hacia Él. No importa lo mucho que hayas disfrutado de Sus bendiciones y Su gracia, esto no puede sustituir tu conocimiento de Dios. No importa lo dispuesto que estés a consagrarte y a esforzarte por completo por Su causa, esto no puede sustituir tu conocimiento de Dios. Quizá te has familiarizado mucho con las palabras que Dios ha pronunciado, o quizá incluso te las sabes de memoria y puedes recitarlas, pero esto no puede sustituir tu conocimiento de Dios. Por muy decidido que pueda estar el hombre a seguir a Dios, si nunca ha tenido una comunión genuina con Él o una experiencia genuina de Sus palabras, su conocimiento de Dios se basaría en la nada o en una ensoñación sin fin; con todo y que te hayas “codeado” con Dios al pasar o te lo hayas encontrado cara a cara, tu conocimiento de Él seguiría siendo cero, y tu veneración hacia Él no sería más que un eslogan vacío o un concepto idealizado.

Muchas personas se aferran a leer las palabras de Dios día tras día, incluso hasta el punto de comprometerse meticulosamente a memorizar todos los pasajes clásicos en ellas como su posesión más valiosa; y, además, predican las palabras de Dios en todas partes, proveyendo y ayudando a los demás con las palabras de Dios. Piensan que hacer esto es dar testimonio de Dios, dar testimonio de Sus palabras; que hacer esto es seguir el camino de Dios, vivir según Sus palabras, traerlas a su vida actual, y que esto les permitirá recibir el elogio de Dios y ser salvos y perfeccionados. Pero, aunque prediquen las palabras de Dios, nunca las cumplen en la práctica ni tratan de alinearse con lo revelado en ellas. En su lugar, utilizan las palabras de Dios para ganarse la adoración y la confianza de los demás con engaños, para entrar en gestión por su cuenta, y para defraudar y robarse la gloria de Dios. Esperan, en vano, aprovechar la oportunidad que les proporciona difundir las palabras de Dios para que se les adjudiquen la obra de Dios y Sus elogios. Cuántos años han pasado, y estas personas no solo han sido incapaces de obtener el elogio de Dios en el proceso de predicar Sus palabras, sino que, también, han sido incapaces de descubrir el camino que deben seguir en el proceso de dar testimonio de las palabras de Dios. No solo no se han ayudado a sí mismos ni han provisto para sí mismos en el proceso de ayudar y proveer a otros con las palabras de Dios ni han sido capaces de conocer a Dios —o de despertar en ellos una veneración genuina hacia Él— en el proceso de llevar a cabo todas estas cosas, sino que, por el contrario, sus malinterpretaciones sobre Dios son cada vez más profundos, su falta de confianza en Él es cada vez más grave, y sus imaginaciones sobre Él son cada vez más exageradas. Provistos y guiados por sus teorías acerca de las palabras de Dios, parece como si estuviesen completamente en su elemento, como si emplearan sus habilidades con gran facilidad, como si hubiesen encontrado su propósito en la vida, su misión, y como si hubiesen obtenido nueva vida y hubiesen sido salvos; como si, al salir las palabras de Dios nítidamente de su boca cual recitación, hubiesen adquirido la verdad, comprendido las intenciones de Dios y descubierto el camino para conocerlo; como si, en el proceso de predicar las palabras de Dios, se hubiesen encontrado frecuentemente cara a cara con Él. También, con frecuencia se ven “movidos” a tener ataques de llanto y, a menudo dirigidos por el “Dios” que está en las palabras de Dios, parecen aferrarse incesantemente a Su ferviente preocupación y Su amable intención; al mismo tiempo parecen haber comprendido la salvación del hombre por parte de Dios y Su gestión, haber llegado a conocer Su esencia, y haber entendido Su justo carácter. Con base en esto, parecen creer aún más firmemente en la existencia de Dios, ser más conscientes de Su estado elevado y sentir aún más profundamente Su grandeza y trascendencia. Impregnados del conocimiento superficial de las palabras de Dios, parecería que su fe ha crecido, que su determinación a resistir el sufrimiento se ha fortalecido y que su conocimiento de Dios se ha profundizado. Poco se imaginan que, hasta que experimenten realmente las palabras de Dios, todo su conocimiento de Él y sus ideas sobre Él surgen de sus propias imaginaciones y conjeturas ilusorias. Su fe no se sostendría bajo ninguna clase de prueba proveniente de Dios, su supuesta espiritualidad y su supuesta estatura simplemente no soportarían la prueba o la inspección por parte de Dios; su determinación no es sino un castillo edificado sobre la arena, y su supuesto conocimiento de Dios no es más que un producto de su imaginación. En realidad, estas personas que han puesto, por así decirlo, mucho esfuerzo en las palabras de Dios, nunca han sido conscientes de lo que es la fe real, la obediencia real, la preocupación real o el conocimiento real de Dios. Toman la teoría, la imaginación, el conocimiento, el don, la tradición, la superstición e, incluso, los valores morales de la humanidad y los convierten en “capital” y en “armamento” para creer en Dios y seguirlo, y los convierten, incluso, en la base para tener fe en Dios y seguirlo. Al mismo tiempo, toman este capital y este armamento y los convierten en talismanes mágicos mediante los cuales conocen a Dios y para afrontar y tratar con las inspecciones, las pruebas, el castigo y el juicio de Dios. Al final, lo que obtienen siguen siendo solo conclusiones acerca de Dios inmersas en connotaciones religiosas, supersticiones feudales y en todo lo que es romántico, grotesco y enigmático. Su forma de conocer y definir a Dios está grabada en el mismo molde que el de las personas que solo creen en el Cielo Arriba o en el Viejo que está en el Cielo, mientras que la realidad de Dios, Su esencia, Su carácter, Sus posesiones, Su ser, etcétera, —todo lo relacionado con el verdadero Dios mismo— son cosas que su conocimiento no ha logrado captar, de las que su conocimiento está completamente divorciado e, incluso, tan separado de ellas como los polos norte y sur. De esta forma, aunque viven bajo la provisión y el nutrimento de las palabras de Dios, son incapaces de recorrer verdaderamente la senda del temor a Dios y apartarse del mal. La verdadera razón de esto es que nunca se han familiarizado con Dios ni han tenido nunca un contacto o una comunión genuinos con Él; por tanto, es imposible que lleguen a un entendimiento mutuo con Dios o que despierte en ellos una fe auténtica en Dios, que sigan de forma auténtica a Dios o que lo adoren de manera genuina. Que consideren de esa forma las palabras de Dios y a Dios mismo son la perspectiva y la actitud que los ha condenado a volver de sus empeños con las manos vacías, a no ser capaces en toda la eternidad de recorrer la senda del temor a Dios y apartarse del mal. El objetivo al que aspiran, y la dirección en la que están yendo, indican que han sido enemigos de Dios a lo largo de la eternidad, y que a lo largo de ella nunca serán capaces de recibir la salvación.

Si en el caso de una persona que ha seguido a Dios durante muchos años y ha disfrutado de la provisión de Sus palabras durante ese tiempo, su definición de Dios es, en esencia, la misma que la de alguien que se postra en homenaje delante de ídolos, esto indicaría que esa persona no ha alcanzado la realidad de las palabras de Dios. Esto se debe a que, simplemente, no ha entrado en la realidad de las palabras de Dios y, por esta razón, la realidad, la verdad, las intenciones y las exigencias sobre la humanidad, todos ellos inherentes a las palabras de Dios, no tienen nada que ver con esa persona. Es decir, independientemente de lo duro que pueda trabajar esa persona en el significado superficial de las palabras de Dios, todo es en vano: dado que lo que persigue son meramente palabras, lo que obtiene, necesariamente, serán también meramente palabras. Ya sea que las palabras pronunciadas por Dios sean sencillas o profundas en apariencia, todas ellas son verdades indispensables para el hombre a medida que entra en la vida; son la fuente de aguas vivas que le permiten sobrevivir tanto en el espíritu como en la carne. Proveen lo que el hombre necesita para seguir vivo; los principios y el credo para conducir su vida cotidiana; la senda, la meta y la dirección por la cual debe pasar a fin de recibir la salvación; cada verdad que él debería poseer como un ser creado delante de Dios y toda verdad sobre cómo obedece y adora el hombre a Dios. Son la garantía que asegura la supervivencia del hombre, el pan diario del hombre, y también el apoyo firme que le permite ser fuerte y mantenerse en pie. Son ricas en la realidad-verdad de la humanidad normal tal como la viven los seres humanos creados; ricas en la verdad por la cual los seres humanos se liberan de la corrupción y eluden las trampas de Satanás; ricas en la enseñanza, la exhortación, el aliento y el consuelo incansables que el Creador brinda a la humanidad creada. Son el faro que guía y esclarece a los hombres para que comprendan todo lo que es positivo, la garantía que asegura que los hombres vivirán y tomarán posesión de todo lo que es justo y bueno, el criterio por el que todas las personas, todos los eventos y todos los objetos son medidos, y también la brújula que lleva a los hombres hacia la salvación y la senda de la luz. Solo al experimentar de manera práctica las palabras de Dios al hombre se le puede suministrar la verdad y la vida; solo en esto puede llegar el hombre a entender lo que es la humanidad normal, lo que es una vida con sentido, lo que es un auténtico ser creado, lo que es la verdadera obediencia a Dios; solo en esto el hombre puede llegar a entender cómo debería preocuparse por Dios, cómo cumplir con la obligación de un ser creado y cómo poseer la semejanza de un hombre real; solo en esto el hombre puede llegar a comprender lo que quieren decir fe y adoración genuinas; solo en esto puede llegar a entender el hombre quién es el Soberano de los cielos y la tierra y de todas las cosas; solo en esto puede el hombre llegar a comprender los medios por los cuales Aquel que es el Maestro de toda la creación gobierna, dirige y provee a la creación, y solo en esto puede el hombre llegar a entender y comprender los medios por los cuales Aquel que es el Maestro de toda la creación existe, se manifiesta y obra. Separado de la experiencia real de las palabras de Dios, el hombre no tiene un conocimiento verdadero ni una perspectiva de Sus palabras y de la verdad. Ese hombre es, claramente, un cadáver viviente, un total caparazón, y todo el conocimiento relativo al Creador no tiene nada que ver con él. A los ojos de Dios, tal hombre nunca ha creído en Él ni lo ha seguido nunca, y, por tanto, Dios no lo reconoce como creyente en Él ni como Su seguidor; mucho menos, como un auténtico ser creado.

Un auténtico ser creado debe saber quién es el Creador, para qué sirve la creación del hombre, cómo cumplir con las responsabilidades de un ser creado y cómo adorar al Señor de toda la creación; debe entender, comprender, conocer y preocuparse por las intenciones, los deseos y las exigencias del Creador, y debe actuar de acuerdo con Su camino: temer a Dios y apartarse del mal.

¿Qué es temer a Dios? ¿Y cómo puede alguien apartarse del mal?

“Temer a Dios” no significa sentir un terror u horror indescriptibles ni evadir ni distanciarse; no es idolatría ni superstición. Más bien es admiración, estima, confianza, entendimiento, preocupación, obediencia, consagración, amor, así como adoración, compensación y sumisión incondicionales y resignadas. Sin un conocimiento genuino de Dios, la humanidad no tendrá una admiración, una confianza, un entendimiento, una preocupación u obediencia genuinos, sino solo pavor e inquietud; solo duda, conceptos erróneos, evasión y evitación. Sin un conocimiento genuino de Dios, la humanidad no tendrá una consagración y una compensación genuinas; sin un conocimiento genuino de Dios, la humanidad no tendrá una adoración y una sumisión genuinas, solo idolatría y superstición ciegas; sin un conocimiento genuino de Dios, la humanidad no puede actuar de acuerdo con Su camino ni temerle ni apartarse del mal. Por el contrario, toda actividad y conducta en las que el hombre participe estarán llenas de rebeldía y desafío, y habrá imputaciones difamatorias y juicios malignos sobre Él, y la conducta malvada irá en sentido contrario a la verdad y el verdadero significado de las palabras de Dios.

Una vez que la humanidad tenga verdadera confianza en Dios, será sincera cuando le siga y dependa de Él; solo con una confianza real en Dios y una dependencia de Él la humanidad puede tener un entendimiento y una comprensión genuinos. Junto con la comprensión real de Dios viene la preocupación real por Él; solo con una preocupación auténtica por Dios la humanidad puede tener una obediencia auténtica y solo con una obediencia auténtica la humanidad puede lograr una consagración genuina. Solo con una consagración genuina a Dios la humanidad puede tener una compensación incondicional y sin queja. Solo con una confianza, una dependencia, un entendimiento, una preocupación, una obediencia, una consagración y una compensación genuinos, la humanidad puede verdaderamente llegar a conocer el carácter y la esencia de Dios, así como la identidad del Creador. Solo cuando ha llegado a conocer verdaderamente al Creador, la humanidad puede despertar en sí misma la adoración y la sumisión genuinas. Solo cuando tiene una adoración y una sumisión reales al Creador, la humanidad podrá ser verdaderamente capaz de dejar de lado sus caminos malvados, es decir, apartarse del mal.

Esto constituye la totalidad del proceso de “temer a Dios y apartarse del mal”, y es también el contenido en su totalidad de temer a Dios y apartarse del mal. Esta es la senda que debe recorrerse para lograr temer a Dios y apartarse del mal.

“Temer a Dios y apartarse del mal” y conocer a Dios son cosas que están indivisiblemente conectadas por miles de hilos, y la conexión entre ellas es evidente en sí misma. Si uno desea conseguir apartarse del mal, debe sentir primero un temor real de Dios; si uno desea lograr tener un temor real de Dios, debe tener primero un conocimiento real de Dios; si uno desea conseguir el conocimiento de Dios, debe experimentar primero las palabras de Dios, entrar en la realidad de Sus palabras, experimentar Su reprensión y Su disciplina, Su castigo y juicio; si uno desea experimentar las palabras de Dios, primero debe encontrarse cara a cara con las palabras de Dios, encontrarse cara a cara con Dios, y pedirle que proporcione oportunidades para experimentar Sus palabras en la forma de todas las clases de entornos que impliquen a personas, acontecimientos y objetos; si uno desea encontrarse cara a cara con Dios y con Sus palabras, debe poseer primero un corazón sencillo y sincero, la actitud a aceptar la verdad, la voluntad de soportar el sufrimiento, la determinación y la valentía de apartarse del mal, y la aspiración de convertirse en un ser creado genuino… De esta forma, si avanzas paso a paso te acercarás cada vez más a Dios, tu corazón será cada vez más puro y tu vida y el valor de estar vivo, junto con tu conocimiento de Dios, estarán cada vez más llenos de sentido y serán cada vez más radiantes. Hasta que, un día, sentirás que el Creador ya no es un misterio, que nunca se ha escondido de ti, que nunca ha ocultado Su rostro de ti, que no está en absoluto lejos de ti, que ya no es Aquel al que anhelas constantemente en tus pensamientos, pero que no puedes alcanzar con tus sentimientos, que Él está real y verdaderamente montando guardia a tu izquierda y a tu derecha, proveyendo tu vida y controlando tu destino. Él no se encuentra en el lejano horizonte ni se ha escondido en lo alto en las nubes. Está justo a tu lado, presidiendo sobre la totalidad de ti. Él es todo lo que tienes y lo único que tienes. Ese Dios te permite amarlo desde el corazón, aferrarte a Él, tenerlo cerca, admirarlo, temer perderlo y no estar dispuesto a renunciar más a Él ni a desobedecerle, evitarlo o alejarlo de ti. Lo único que quieres es preocuparte por Él, obedecerle, retribuirle todo lo que te da y someterte a Su dominio. Ya no te niegas a que Él te guíe, te provea, te cuide y te guarde; ya no rechazas lo que Él te dicta y ordena. Lo único que quieres es seguirle, caminar a Su lado, aceptarlo como tu única vida, como tu único Señor, como tu único Dios.

18 de agosto de 2014

De «La Palabra manifestada en carne»

Música cristiana 2021 | El hombre conoce a Dios a través de experimentar Su palabra

Música cristiana 2021 | El hombre conoce a Dios a través de experimentar Su palabra

I
Lo que Dios tiene y es, Su esencia y carácter,
ha sido dado al hombre en Sus palabras.
Cuando las practique, el hombre sabrá
su fuente y su efecto deseado.
Todas son cosas a experimentar,
captar y lograr para ganar vida y verdad,
captando Su voluntad, con un cambio de carácter
y capaz de obedecer Sus reglas y arreglos.
Paso a paso, el hombre llegará a entender a Dios,
conseguirá diferentes grados de conocimiento acerca de Él.
II
Este proceso de entender a Dios,
apreciando y confirmando siempre Sus palabras
es comunión entre el hombre y Dios,
donde el hombre comprende Sus intenciones,
entendiendo bien lo que Dios tiene y es,
conociendo Su esencia y carácter,
con certeza de que todo es de Dios,
seguro de Su identidad y Su posición.
La obediencia crecerá en el hombre hacia Dios,
más honda y real se hará su reverencia a Dios.
III
En esta comunión, el hombre gana
la provisión de la verdad y el bautismo de vida,
y gana también conocer a Dios,
transformado y salvo.
Desarrollará una reverencia real
de una criatura creada hacia Dios.
Con esta comunión, el hombre madurará
y se irá transformando.
Su fe pasará de una creencia vaga
a una obediencia real y reverencia.
El hombre ya no será pasivo al seguir a Dios,
pero actuará de forma positiva.
Solo con esta comunión podrá el hombre llegar
a conocer realmente y entender a Dios.
De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”

Escuchar más: Alabanza cristiana

Principios de la oración y adoración a Dios

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Principios de la oración y adoración a Dios

(1) Cuando se reciben el esclarecimiento y la iluminación del Espíritu Santo en oración, se debe dar gracias y alabar a Dios. Al disfrutar de la obra del Espíritu Santo, es preciso postrarse a adorar a Dios

(2) Hay que leer con frecuencia las palabras de Dios. Cuando se comprende la verdad y se contemplan el amor y las bendiciones de Dios, se le debe dar gracias y alabarlo. Esta es la auténtica adoración a Dios.

(3) Cuando se afrontan las pruebas y tribulaciones sin quejarse, sino manteniéndose firme en el testimonio, esto es fruto de la protección de Dios y hay que darle gracias y alabarlo.

(4) Cuando al someterse al juicio y castigo de Dios se llega a conocer la propia esencia corrupta y a contemplar la justicia y santidad de Dios, hay que adorarlo.

Las palabras relevantes de Dios:

¡La oración tiene gran importancia! Si sabes cómo orar y lo haces a menudo, con oraciones frecuentes que se someten a Dios y son sensatas, entonces tu estado interior será bastante normal por norma general. Si, por el contrario, tus oraciones solo consisten en unos pocos lemas, no asumes carga alguna y no meditas sobre lo que sería sensato decir en oración y lo que no, ni sobre lo que sería verdaderamente reverencial decir, y nunca te tomas estos asuntos en serio, nunca tendrás buen éxito en la oración, y tu estado interior será siempre anormal. Nunca llegarás a profundizar en la lección de lo que es el sentido normal, la verdadera sumisión, la verdadera adoración y la perspectiva con la que debes orar, y tampoco profundizaras tu entrada en estas cosas. Todas estas cosas son sutiles. Debido a que la mayoría de vosotros rara vez interactuáis conmigo directamente, estáis limitados a orar ante el Espíritu, y cada una de tus oraciones es una cuestión de si las palabras que eliges son sensatas; si tu adoración es real; si lo que pides tiene la aprobación de Dios; si en tu oración hay un elemento transaccional o si está adulterada por impurezas humanas; si tu discurso, comportamiento y decisiones están de acuerdo con la verdad; si tienes especial reverencia, respeto y obediencia a Dios; y si realmente estás tratando a Dios como tal. Uno debe tratar seriamente lo que dice en privado en la oración, y adoptar un enfoque serio sobre ello; solo así se puede tener un sentido normal cuando uno se presenta ante Cristo. Si no te lo tomas en serio ante el Espíritu, cuando te presentes ante Cristo siempre te resistirás o hablarás de forma poco razonable o deshonesta, o causarás constantemente trastornos en tu discurso y acciones, y después siempre te sentirás reprobado. ¿Por qué siempre te sentirás reprobado? Porque, por regla general, no tienes el menor conocimiento de las verdades de cómo adorar o tratar a Dios, así que te sientes confundido cuando te encuentras con un problema, no sabes cómo practicar y cometes errores constantemente.

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Solo aceptando la obra del Señor retornado y alcanzando la purificación del pecado se podrá entrar al reino celestial

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Devocional cristiano de hoy – Solo aceptando la obra del Señor retornado y alcanzando la purificación del pecado se podrá entrar al reino celestial

Al ver este título, es probable que esté confuso: «Ya somos dignos de entrar en el reino celestial porque creemos en el Señor Jesús, oramos y participamos en reuniones regularmente y hacemos muchas buenas obras».

En respuesta a esta confusión, pensemos primero en algunas preguntas:

1.Es cierto que aceptamos la redención del Señor Jesús, pero ¿se ha resuelto nuestra naturaleza pecaminosa?

2.El Señor Jesús ha perdonado nuestros pecados, pero ¿significa esto que estamos limpios? ¿Por qué seguimos pecando a menudo?

3.Dios es santo, ¿pueden obtener la aprobación del Señor y entrar en el reino celestial las personas que continúan pecando?

Busquemos las respuestas en las palabras de Dios. Dios dice: “Un pecador como vosotros, que acaba de ser redimido y que no ha sido cambiado ni perfeccionado por Dios, ¿puede ser conforme al corazón de Dios? Para ti, que aún eres del viejo ser, es cierto que Jesús te salvó y que no perteneces al pecado gracias a la salvación de Dios, pero esto no demuestra que no seas pecador ni impuro. ¿Cómo puedes ser santo si no has sido cambiado? En tu interior, estás cercado por la impureza, egoísta y miserable, pero sigues deseando descender con Jesús; ¡qué suerte tendrías! Te has saltado un paso en tu creencia en Dios: simplemente has sido redimido, pero no has sido cambiado. Para que seas conforme al corazón de Dios, Él debe realizar personalmente la obra de cambiarte y purificarte; si sólo eres redimido, serás incapaz de alcanzar la santidad. De esta forma no serás apto para participar en las buenas bendiciones de Dios, porque te has saltado un paso en la obra de Dios de gestionar al hombre, que es el paso clave del cambio y el perfeccionamiento. Tú, un pecador que acaba de ser redimido, eres, por tanto, incapaz de heredar directamente la herencia de Dios”.

“Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida”.

“El Cristo de los últimos días trae la vida y el camino de la verdad, duradero y eterno. Esta verdad es el camino por el que el hombre obtendrá la vida, y el único camino por el cual el hombre conocerá a Dios y por el que Dios lo aprobará. Si no buscas el camino de la vida que el Cristo de los últimos días provee, entonces nunca obtendrás la aprobación de Jesús y nunca estarás cualificado para entrar por la puerta del reino de los cielos, porque tú eres tanto un títere como un prisionero de la historia”.

De estas palabras sabemos que lo que el Señor Jesús hizo es la obra de redención, al creer en Él, nuestros pecados son perdonados y ya no volvemos a ser condenados por las leyes. Pero esto no significa que somos dignos de entrar en el reino de los cielos, porque la naturaleza pecaminosa todavía está arraigada en nosotros, la cual hace que a menudo cometamos pecados y nos resistamos a Dios. Dios es santo y no permite a tales personas entrar en Su reino. Por consiguiente, llevará a cabo una obra de juicio en los últimos días para resolver la naturaleza pecaminosa del hombre. Ahora que el Señor ya ha regresado, ha expresado millones de palabras de verdad y ha realizado dicha obra. Solo cuando aceptemos y experimentemos Su nueva obra, obtengamos la verdad como vida y dejemos de pecar y oponernos a Él, estaremos cualificados para entrar en Su reino.

Leer más: Cómo prepararse para la segunda venida de Cristo

Si quieres investigar la obra de Dios en los últimos días y darle la bienvenida, contáctanos a través de, estamos siempre a tu disposición.

Testimonio cristiano | La luz del juicio (Español Latino)

Testimonio cristiano | La luz del juicio (Español Latino)

Un día, mientras navega por Facebook, la protagonista ve una publicación bajo la cual la gente debate el juicio de Dios en los últimos días. Cada quien dice una cosa, así que decide encontrar respuesta con una búsqueda del juicio. Descubre un himno de la Iglesia de Dios Todopoderoso titulado “El castigo y el juicio de Dios son la luz de la salvación del hombre”. La letra despierta su curiosidad, y se pregunta: ¿Que Dios juzgue a la gente no significa, simplemente, que la condena? ¿Por qué habrían de decir que esa es la luz de la salvación del hombre? ¿Cómo realiza Dios Su juicio en los últimos días? Entonces comienza a buscarlo e investigarlo sinceramente y lee muchas de las palabras de Dios Todopoderoso, hasta que finalmente descifra el misterio del juicio.

En los últimos días, la obra del juicio y la purificación de Dios es el juicio del gran trono blanco predicho por Apocalipsis. Se ha cumplido la profecía: “Porque es tiempo de que el juicio comience de la casa de Dios” (1 Pedro 4:17). Bienvenido a comunicarse y discutir con nosotros por el siguiente el camino, háganos conocer la obra de Dios juntos y seguir las huellas de Dios.

En las pruebas vi las bendiciones de Dios

Por Yifan, China

A principios de 2008, noté que le había salido un bulto detrás de la oreja de mi hijo. Lo llevé a revisión al hospital y el médico dijo que era un tumor, un tipo concreto de tumor que destruye los huesos. En ese momento no había riesgo de muerte, pero tampoco tratamiento eficaz, y dijo que era muy doloroso, ya que, cada vez que saliera, tendrían que operar a mi hijo para extraer el hueso infectado. Si no, su vida podría correr peligro. Las palabras del médico me dejaron totalmente anonadada. Estaba destrozada. Entonces acababa de empezar a creer y suponía que, como creía en Dios, Él debía ser mi apoyo. Me alentaba a mí misma a mantenerme firme en la fe y a no culpar a Dios nunca. Creía que, si confiaba en Dios, mi hijo se recuperaría con toda seguridad. La operación de mi hijo fue finalmente todo un éxito y se recuperó muy rápido. Solo tres días después de operarse estaba corriendo por todo el edificio y le dieron el alta en una semana. Después de aquello tenía más motivación en mi fe. Aceptaba gustosamente cualquier tarea que me asignara la iglesia y siempre, siempre, cumplía con el deber. Mi familia no lo entendía y mis allegados hablaban constantemente a mis espaldas, pero no me daba por aludida. Creía que, siempre y cuando no dejara de trabajar mucho y esforzarme, seguro que Dios me bendeciría.

Un buen día vino mi hijo agarrándose la cintura y diciendo que le dolía. Al ver su rostro dolorido, tuve un mal presentimiento. Le levanté la camisa inmediatamente y vi un bulto justo donde decía que le dolía. Gritó de dolor cuando lo rocé levemente y supe que su enfermedad había vuelto. Rápidamente, lo llevé directo al hospital. Un chequeo confirmó que se había reproducido su dolencia. No pude evitar recordarlo tras su primera operación, pegado a un montón de tubos. Parecía débil y yo estaba angustiada. No soportaba la idea de lo que tendría que padecer esta vez. Cada vez que pensaba en lo que tendría que sufrir, y a tan corta edad, me daba tal ansiedad que ni siquiera podía comer o dormir. Deseaba de todo corazón poder contraer su enfermedad y padecerla en su lugar. No acababa de entender por qué Dios no había cuidado y protegido a mi familia pese a haber trabajado tanto por Él desde que era creyente. Ese mismo día vino a verme una hermana de nuestra aldea que compartió conmigo las palabras de Dios. Supe que, en los últimos días, Dios lleva a cabo principalmente la obra del juicio, el castigo, las pruebas y la refinación, y que todos debemos experimentar las pruebas y mantenernos firmes en el testimonio de Dios ante Satanás. Recordé que Job jamás pecó de palabra cuando Dios lo probó, sino que afirmó que había que alabar el nombre de Jehová. Job se mantuvo firme en el testimonio de Dios, quien al final lo elogió y bendijo. Entendí que las pruebas son bendiciones del cielo que solo pueden recibir las personas de fe. Dios me estaba probando con la enfermedad de mi hijo. Si tenía fe, me mantenía firme en el testimonio de Dios y no lo culpaba, seguro que Él bendeciría a mi hijo de nuevo. No dejé de ir a reuniones y me volqué aún más en el deber. Cuando los hermanos y hermanas de la iglesia pasaban por pruebas y se volvían negativos, compartía con ellos mi poquito entendimiento. Todos me admiraban y decían que tenía mucha fe. Cada vez que alguien me elogiaba de esta forma, más segura estaba todavía de que estaba firme en el testimonio de Dios.

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Aún tienes que experimentar esta etapa crítica de obra para lograr el verdadero arrepentimiento

En la actualidad, mucha gente se da cuenta de que la llegada de los desastres significa que Dios nos está advirtiendo que nos arrepintamos, porque nosotros los seres humanos somos muy corruptos, y el Señor Jesús también dijo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). ¿Cómo debemos entonces arrepentirnos? ¿Es un verdadero arrepentimiento orar y confesar con lágrimas ante Dios, poner más atención a leer la Biblia y hacer más buenas obras? No, porque la Biblia dice: “Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). Nuestras buenas obras superficiales no representan que nos hayamos arrepentido de verdad o que hayamos sido purificados del pecado, porque todavía tenemos la naturaleza pecaminosa, podemos pecar y resistirnos a Dios a menudo y no estamos calificados para entrar en el reino de los cielos. Por lo tanto, la única manera de lograr el sincero arrepentimiento es buscar el camino de ser purificado del pecado. Quizás digas: “¿Cómo podemos ser purificados de nuestros pecados? Nos hemos evitado pecar por muchos años, pero aún no nos hemos librado del pecado”. ¡No te preocupes! Para alcanzar el auténtico arrepentimiento, todavía tenemos que experimentar una etapa crítica de la obra de Dios en los últimos días para salvar al hombre.

Dios dice: “Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad, se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter corrompido por Satanás. Y así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios volvió a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra llevó al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida”.

De esto podemos ver que cuando el Señor venga otra vez en los últimos días, expresará la verdad y hará una obra más elevada sobre la base de la obra redentora del Señor Jesús, es decir, la obra de juicio y purificación, para resolver completamente nuestra naturaleza pecaminosa y que podamos escapar de la esclavitud del pecado, ser purificados, lograr el verdadero arrepentimiento y entrar en el reino de los cielos. Por lo tanto, lo más urgente para nosotros es recibir al Señor y aceptar la obra de juicio de Dios en los últimos días.

Si quieres conocer más, haz clic para ver el vídeo “¿Te has arrepentido de verdad?”.

Vídeo cristiano | ¿Te has arrepentido de verdad? (Diálogo cómico)

Ya han caído sobre nosotros los desastres. Se está expandiendo una epidemia por todo el mundo, se han cumplido las profecías de la venida del Señor y aquellos que anhelan la aparición de Dios ansían la llegada del Salvador para que rescate a la humanidad del desastre y nos lleve al reino de los cielos. Hace dos mil años, el Señor Jesús dijo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). Solo si alcanzamos el verdadero arrepentimiento podremos salvarnos y entrar en el reino de los cielos. No obstante, ¿qué es el verdadero arrepentimiento? ¿Creer en el Señor y que nos perdone los pecados, mientras con frecuencia seguimos pecando, oponiéndonos a Dios y viviendo en pecado sin escapatoria? ¿Sacrificarnos, entregarnos y hacer, en apariencia, buenas acciones? El diálogo cómico “¿Te has arrepentido de verdad?” te revela la respuesta.

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Si no aceptes a Dios encarnado de los últimos días, perderás tu oportunidad de entrar en el reino de los cielos

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Prédica cristiana escrita – Si no aceptes a Dios encarnado de los últimos días, perderás tu oportunidad de entrar en el reino de los cielos

Todos anhelan dar la bienvenida al Señor en los últimos días, pero ante la noticia de que Él ha vuelto mediante la encarnación, ha expresado la verdad y ha hecho una etapa de la obra de salvar completamente al hombre, tienen diferentes puntos de vista. Algunos han reconocido al Señor y han recibido Su regreso mediante la búsqueda e investigación humildes; otros todavía se aferran a la idea de que el que no viene en una nube blanca no es el Señor retornado, y no tienen ganas de buscar y estudiar, e incluso se resisten y condenan al Señor retornado. ¿No es misma esta actitud que la de los fariseos que se aferraron al nombre de Mesías, se negaron a aceptar las palabras y obra del Señor Jesús, e incluso se opusieron y condenaron a Él? Y si mantenemos esa opinión, ¿no perderemos la oportunidad de recibir al Señor y de ser arrebatados al reino de los cielos para siempre?

Dios Todopoderoso dice: “Os digo, aquellos que creen en Dios por las señales son sin duda la categoría que será destruida. Los que son incapaces de recibir las palabras de Jesús, que ha vuelto a la carne, son sin duda la progenie del infierno, los descendientes del arcángel, la categoría que será sometida a la destrucción eterna. Muchas personas pueden no preocuparse por lo que digo, pero aun así quiero decirle a cada uno de estos llamados santos que siguen a Jesús que, cuando lo veáis descendiendo del cielo sobre una nube blanca con vuestros propios ojos, esta será la aparición pública del Sol de justicia. Quizás será un momento de gran entusiasmo para ti, pero deberías saber que el momento en el que veas a Jesús descender del cielo será también el momento en el que irás al infierno a ser castigado. Ese será el momento del final del plan de gestión de Dios, y será cuando Él recompense a los buenos y castigue a los malos. Porque Su juicio habrá terminado antes de que el hombre vea señales, cuando sólo exista la expresión de la verdad. Aquellos que acepten la verdad y no busquen señales, y por tanto hayan sido purificados, habrán regresado ante el trono de Dios y entrado en el abrazo del Creador. Sólo aquellos que persisten en la creencia de que ‘El Jesús que no cabalgue sobre una nube blanca es un falso Cristo’ se verán sometidos al castigo eterno, porque sólo creen en el Jesús que exhibe señales, pero no reconocen al Jesús que proclama un juicio severo y manifiesta el camino verdadero de la vida. Y por tanto, sólo puede ser que Jesús trate con ellos cuando Él vuelva abiertamente sobre una nube blanca”.

Vemos en la palabra de Dios que cuando Dios viene en las nubes públicamente, es el momento en que Dios premia el bien y castiga el mal, y aquellos que pueden aceptar la verdad de la encarnación de Dios y obedecer la nueva obra de Dios darán la bienvenida al Señor y serán llevados ante el trono de Dios. Pero aquellos que sólo esperan a que el Señor venga en nubes, y se niegan a examinar la verdad de la encarnación de Dios en los últimos días, perderán la oportunidad de recibir al Señor y de ser salvados en el reino de los cielos.

Recomendación: ¿Qué es la encarnación?

Si quieres saber más sobre el misterio de la verdad de la encarnación y acoger el regreso del Señor, Puede hacer clic en medios de contacto abajo para discutir y comunicarse con nosotros. estamos a tu disposición las online.

¿Qué es la salvación de Dios ? ¿Cómo obtenerla?

Por Junying

¿Qué es la salvación? La salvación viene de Dios. La salvación de Dios está preparada para salvar a la humanidad y desborda el gran amor y la misericordia de Dios por la humanidad. El hecho de que podamos recibir la salvación de Dios está directamente relacionado con el hecho de que seamos salvados y entremos en el reino de los cielos. ¡Comprendamos la salvación de Dios a partir de Su obra y busquemos cómo obtenerla!

La salvación de Dios para la humanidad en la Era de la Ley

En el principio, Dios creó los cielos y la tierra y todas las cosas. Después de que todo quedara establecido, Él creó a Adán y Eva, los progenitores de los seres humanos. Dios los puso en el jardín del Edén y vivieron felices bajo Su protección. Sin embargo, la serpiente los tentó para que traicionaran a Dios y tras hacerlo acabaron expulsados del jardín del Edén y arrojados a una vida de enfermedad, envejecimiento y muerte. Desde entonces, la humanidad se volvió cada vez más corrupta y cayó en tal maldad y depravación que Dios desató un gran diluvio para aniquilar a todos los seres humanos de ese tiempo, y sólo permitió que ocho miembros de la familia de Noé sobrevivieran. Después de aquello, la humanidad continuó sobreviviendo y reproduciéndose en la tierra, pero la gente de aquella época sólo era consciente de su comida y su techo y de toda la gracia que Dios les había concedido. No sabían cómo ser buenas personas, cómo vivir en la tierra, de dónde venían los seres humanos o cómo adorar o venerar a Dios. La gente así no tenía la habilidad de glorificar o exaltar a Dios y eran totalmente incapaces de cumplir la voluntad de Dios. Por eso Dios inició Su obra de gestión para la salvación de la humanidad. Jehová Dios usó a Moisés para dictar Sus mandamientos y la ley para guiar la vida de la humanidad en la tierra. Por ejemplo, observar el Sabbat, honrar a los padres, no adorar ídolos y no cometer adulterio ni robar. También estableció regulaciones para los sacrificios de personas, para la comida, la recompensa por el robo, así como para la matanza de animales. Cualquiera que violara las leyes de Dios sería quemado o apedreado hasta la muerte, pero si guardaba las leyes y los mandamientos de Jehová, sería bendecido por Él. Jehová Dios contuvo a los seres humanos por medio de Sus mandamientos y leyes; esto guio a la gente a vivir en la tierra de una manera apropiada y ordenada, lo cual les permitió actuar de acuerdo con las normas y saber que debían adorar al único Dios; esta fue la salvación de Dios en la Era de la Ley. Al presentarse ante Dios, escuchar las palabras de Jehová, cumplir Sus leyes y mandamientos y adorar devotamente a Jehová, las personas podían ser salvadas y bendecidas por Dios y obtener la salvación de Dios en la Era de la Ley.

La salvación de Dios para la humanidad en la Era de la Gracia

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